You are currently browsing the tag archive for the ‘Reflexión’ tag.

Damián Marrero Real, en su blog: La inocencia del devenir.

En estos días muchos centros educativos celebran el “Día Escolar Por la Paz”. Soy de los que cree que estas efemérides son necesarias. Es cierto que estas cosas deben “celebrarse” todos los días y no en una jornada concreta. Vale. Pero los humanos somos muy dados a estas componendas y no está mal del todo. La Paz y la Solidaridad siguen siendo valores esenciales para la escuela. El problema es que, si queremos que tengan un mínimo de significado, tienen que estar ligadas a demandas, situaciones y problemas concretos. Hemos abusado de una simbología que ha terminado por vaciarse de contenido. No se puede reducir la demanda de paz y la exigencia de justicia a un conjunto de blanquísimas palomas y muñecotes angelicales, abstracciones casi metafísicas sin capacidad transformadora alguna. Esa es la manera de pasar de puntillas por el expediente, recurrir a los lugares comunes que no exigen compromiso alguno.

Por eso es habitual y deseable aprovechar estas ocasiones para vocear demandas concretas. En estas islas, en los últimos años (sobre todo en el marco de la Red Canaria de Escuelas Solidarias) hemos hecho coincidir este día con acciones de sensibilización sobre la inmigración irregular y la situación de los Derechos Humanos en el Sáhara Occidental -cosas que nos tocan muy de cerca. Sin obviar, claro está, esa pléyade de conflictos e injusticias que asola nuestro planeta.

La escuela no puede ser neutral. Porque ¿qué es la neutralidad? ¿la sutil equidistancia entre víctimas y verdugos? ¿el distanciamiento acrítico de los hechos? ¿la obsesión por no molestar a nadie? Existe, además, la consideración de fondo de que el alumnado sufre algún tipo de discapacidad mental grave. Hay quien piensa que las débiles mentes infantiles y juveniles podrían sufrir algún tipo de shock postraumático, de difícil arreglo posterior, si se entra en detalle respecto a algunos problemas, si se denuncia la causa de las injusticias, si se llama a las cosas por su nombre. Mejor mantenerlos en el mundo de Heidi para que de adultos puedan ejercer de felices y despreocupados consumidores. Dicho esto, hay que dejar claro que no se trata de adoctrinar, peligroso planteamiento que hay que evitar a toda costa. Denunciar la violación de los derechos humanos hallá donde se produzca, la causas sistémicas que están detrás de la pobreza y la exclusión, de la destrucción de nuestro planeta, de la violencia de género, promover la democracia, etc. no es impartir una doctrina. Es darle contenido a la educación. ¿Qué si no es educar para la ciudadanía? ¿en qué consiste entonces la ‘competencia social y ciudadana’?

La escuela debe ser, en todo caso, plural. La pluralidad es una garantía precisamente contra el peligro del adoctrinamiento. Quienes se rasgan las vestiduras porque se exhiba, pongamos por caso, una bandera saharaui en un marco docente son precisamente quienes incurren en un atroz sectarismo. Hay también un miedo irracional (como todos los miedos) a que se ‘haga política’ con el alumnado. Este miedo tan extendido recuerda a aquel famoso comentario que se le atribuía a Franco cuando le recomendaba a sus propios ministros “que no se metieran en política”. Uno de los males sociales que nos aquejan, herencia quizás de aquellos años de oscuridad, es la despolitización de la ciudadanía. Se confunde torticeramente ‘política’ con ‘política de partido’. Hacer política no es hacer propaganda de las tesis de un partido. Han sido los partidos políticos y su clase profesional quienes se han agenciado para ellos el ejercicio de la política, que es una de las condiciones esenciales de la ciudadanía. Nos han hecho creer que la política es una cosa mala y sospechosa, que mejor está en manos de quienes se presentan ad eternam a las elecciones y pasan de un cargo a otro como quien juega a la oca (y tiro porque me toca).

En estos tiempos que corren parece estar produciéndose una gran confluencia de intereses para arrebatarle a la ciudadanía los últimos despojos de soberanía, aquella que tan pretenciosamente aparece en los preámbulos de declaraciones y constituciones varias. Y para ello se recurre a la vieja técnica del miedo. Y el miedo genera parálisis. Justo lo que necesitan quienes desean que en el solar la cosa esté tranquilita.

Frente a todo esto la escuela sigue siendo el último refugio de la esperanza.

Bachir Ahmed en su blog Karma Saharauia

Si yo fuese poeta y tuviera un desengaño amoroso, quizá tendría que empezar escribiendo: Hoy me siento muy triste, ella me ha abandonado por otro y me ha dejado perdido en la inmensidad de una realidad que desconozco. Ahora serán otros labios los que besen los suyos, otras manos la que acaricien su cuerpo, otros ojos los que miren su corazón. Ella será feliz y yo lamentaré su pérdida, aunque nadie podrá arrancármela del corazón; ni ella misma. Hoy me siento solo y triste.

Todo eso y mucho más escribiría hoy, pero no soy poeta, aunque mi corazón este desgarrado de dolor.

Tengo la mirada perdida y mis ojos en la lejanía solo ven terror, barbarie y sangre. Oigo gritos lejanos que me piden ayuda que no puedo dar. Mis ojos se cubren de lágrimas y la impotencia me acobarda, me destruye, me desgarra las entrañas. Mis hermanos me llaman y yo los oigo, los siento y mi mano no llega a ellos. El humo me ciega, me hace llorar pero me niego a cerrar los ojos. Los mantengo abiertos, y a través de mis lágrimas veo  imágenes que me impactan; niños que lloran, mujeres que sangran, ancianos que huyen y hombres que mueren.

Me niego a ser impasible ante el criminal, reniego del pacifismo estúpido y amoral que se utiliza para subyugar al más débil. Vomito mi rabia con la mirada ante la atadura de lo correcto y me convierto en esclavo del mundo real. El mundo que mira para otro lado, el que permite la muerte de niños inocentes, el que asesina mujeres embarazadas, el que desprecia la dignidad.

Me niego a pertenecer a ese mundo irreal e inhumano, lo denuncio y lo desprecio. Le doy la espalda y escupo sobre sus estúpidas leyes ignominiosas y marrulleras.

No acepto la paz de los poderosos. Aquellos que con la sonrisa en los labios asesinan a escondidas, torturan y violan los derechos más elementales. Los que venden armas para aplastar la rabia contenida de los pueblos. Los que tienen talante pero no tienen talento.

Saco de lo más profundo de mi alma el recuerdo de los compañeros muertos, torturados, humillados y despreciados para que mi grito rebelde sea permanente. Digo alto y fuerte: ¡Me niego a aceptarlo!

Mi mirada será más triste, mi sonrisa apenas será una mueca, mientras persista en mi mente el sufrimiento de los miles de compatriotas que sufren diariamente las injusticias.

Reniego del hecho consumado y me uno al grito desgarrador de los jóvenes de mi tierra. Pido armas para no morir de rodillas, para defender mi dignidad; para que  nuestras mujeres sepan que sus hijos morirán con la cabeza alta, mirando al cobarde enemigo a los ojos. Que  la muerte no es muerte si está en juego mi dignidad. No quiero morir acorralado sin posibilidad de defensa, quiero hacerlo en libertad, a la luz del sol o al abrigo de las estrellas de mi desierto.

Basta ya de intereses de estado, de alabar tiranías, de esclavitud consentida, de derechos inhumanos, de venta de armas, de expolio, de torturas, de desapariciones, de realidades irreales.

Basta ya de injusticias, de palabras vacías, de mentiras piadosas, de mercadeo con nuestro destino. No deseo referéndum, ni autodeterminación, ni que otros decidan por mi, mi destino lo elijo yo. Pedir libertad me ha convertido en un delincuente, en un refugiado, en un sin tierra, en un nadie.

No negocio mi muerte, ni acepto estrechar la mano tendida y ensangrentada del asesino de mis hermanos. Desprecio el politiqueo barato de soluciones inciertas. Aborrezco la vileza de las declaraciones interesadas, donde la vida humana está por debajo de los intereses comerciales. Denuncio el servilismo y la corrupción, el besamanos y el miedo, la esclavitud y el racismo.

Admiro a la gente, a los que salen a la calle y reclaman, a los que se oponen, a los que no aceptan, a los que denuncian, a los que te abrazan. Amo a mis mujeres, a mis ancianos, a mis hombres, a mis niños, en definitiva, amo la vida.

 Mi dignidad es sagrada, por eso hoy se ha roto algo en mi interior. Ya no soy el mismo. Mi existencia es más triste y efímera. Ya he dejado ser yo y soy nosotros.  Tengo la mirada triste de los hombres, el llanto contenido de las madres y las lágrimas de los niños del Sahara.

No soporto tanta impunidad. Hoy me duele el alma y me siento solo y triste.

14 de febrero de 2010 – 35 años del Acuerdo Tripartito de Madrid

26-10-2010 – Francisco Muro de Iscar

¿A quién le importa el Sahara?

 

Los disparos de la Policía marroquí han matado a Nayem El Garhi y muchos diarios españoles han dado la noticia escondida en sus páginas y han hablado de “un joven”. No, Nayem El Garhi era un niño saharaui de 14 años, una voz inocente, culpable de nada. Su hermano se debate entre la vida y la muerte. Otro hermano está en la cárcel. Pero la noticia apenas ha tenido eco y nadie del mundo de la farándula, casi ninguna asociación, pocas, casi ninguna, voces políticas se han alzado para condenar esta muerte. Al fin y al cabo, ¿a quién le importa el Sahara?

Cerca de 15.000 saharauis, muchos de ellos mujeres y niños, que huyen del paro, la pobreza y la colonización, han levantado un campamento en las afueras de El Aaiún como protesta por sus condiciones de vida en la zona del Sahara Occidental. Allí pretendía acceder Nayem cuando el vehículo en el que viajaba fue tiroteado. El coche no se paró, pero cuando lo hacen, en la mayoría de las ocasiones, les detienen, les bajan del coche, les golpean y les quitan cuanto llevan de valor. Y la ONU y la comunidad internacional guardan silencio. Al fin y al cabo, ¿a quién le importa el Sahara?

Siete periodistas españoles de cinco medios no han podido viajar desde Casablanca a El Aaiún para cubrir la protesta saharaui y se han quedado en tierra. Les han anulado los billetes sin explicación alguna y a uno de ellos, al que seguramente por error no le anularon el billete, las fuerzas de seguridad marroquíes le retiraron la tarjeta de embarque y el personal de la aerolínea, le impidió subir al avión sin ella. Y no pasa nada. Al fin y al cabo, ¿a quién le importa el Sahara?
Ciudadanos españoles que fueron hace menos de dos meses a El Aaiún a protestar fueron maltratados por las fuerzas de seguridad marroquíes y el Gobierno español prefirió mirar hacia otro lado. Al fin y al cabo, ¿a quién le importa el Sahara?

Aminatou Haidar es ya un recuerdo. Un recuerdo molesto para el Gobierno español y para el Gobierno marroquí, pero sólo un recuerdo. Su lucha, su huelga de hambre en el aeropuerto, su dignidad de mujer y de saharaui,  ha sido olvidada. El Sahara está bajo dominio militar de Marruecos, según denuncia el Frente Polisario y no pasa nada. Al fin y al cabo, ¿a quién le importa el Sahara?

Pero eso sí, si Marruecos se mete con policías españoles, presiona sobre Ceuta y Melilla o pide más, el Gobierno dialoga, da explicaciones, concede condecoraciones….Al fin y al cabo, ¿a quién le importa el Sahara, a quién le importa una población a la que España abandonó a su suerte, a su mala suerte, hace 35 años? Ni protestas ni manifestaciones ni nada. Nadie defiende el derecho de los saharauis a su dignidad, a su tierra, a ser una nación, a vivir en libertad.

Autora: Marisol Collado Mirabal
Directora del IES Arucas Domingo Rivero

No sabemos si fue un virus, un arrebato, alguien tocó el pito o se lo tocaron (en cualquiera de sus acepciones) pero lo cierto es que en los últimos 10 días de agosto se gestó el peor ataque a la enseñanza pública que en 23 años de docencia he tenido el placer de soportar. Lo más grave: la hipocresía, las excusas, el “tú ya sabes cómo estamos” (no, perdón, ¿quiénes? ¿cómo estamos? ¿alguien ha pensado cómo estaremos después de esto) el presuntuoso intento de buscar complicidades, de que entendamos decisiones que suponen, una vez más, sacrificios inútiles de cuestiones fundamentales para el futuro de Canarias y de los hombres y de las mujeres de esta tierra. Lo que me tiene indignada es la falsa apariencia de estar abordando, con decisiones que perjudican gravemente a la educación en Canarias, una crisis que tiene poco de educativa y mucho de política, cortando por lo sano, cercenando oportunidades y posibilidades, hipotecando el futuro. Alguien está jugando con las cosas de comer… y con las cosas de comer no se juega.

Del 20 al 31, sin capacidad de reacción, las fases lunares debieron alterarse porque cayeron en cascadas decisiones inaceptables, inadmisibles que han supuesto un empeoramiento gravísimo de las condiciones educativas. Decisiones laborales: se suprimieron comisiones de servicios, publicadas apenas 4 días antes, dejando en absoluta indefensión a los afectados y ocasionando auténticos dramas humanos; decisiones de planificación: se eliminaron grupos concedidos en julio o se suprimen enseñanzas sin opción para el alumnado que repite, etc. etc.

La guinda, una Resolución de 31 de agosto, firmada por 4 Direcciones Generales (un ardid político para que ningún cargo se quemara solito) que regula la incoherencia y la ineficacia de esta Administración para afrontar las necesidades educativas. Una resolución que sobrecarga a los centros educativos con responsabilidades de la propia Consejería, como son las sustituciones. Se nos cambia la finalidad de nuestra horas y se dan a cargos directivos más funciones de las que se puede humanamente asumir. Una resolución que crea confusión e indignación, porque las normas se imponen sin más, y que provoca, insisto, SACRIFICIOS INÚTILES. Es ésta una resolución falaz, que nos pone a los centros, una vez más, en la tesitura de la propia moral frente a la profunda inmoralidad de quienes nos gobiernan. El “error aritmético” de 250.000 euros de aumento para la policía autonómica y un nuevo cargo en la Consejería de Turismo surgen paralelos a un terrible error de cálculo en política educativa.

Nos han desprestigiado, nos han chantajeado con la crisis y 5 millones de desempleados, nos han amenazado, supuestamente hemos perdido las distintas batallas por nuestras reivindicaciones, tendremos que cumplir estrictamente las normas de sus incoherentes prioridades. Cumpliremos, of course, que no se diga, pero hay que negarse a seguir siendo el colchón entre la sociedad y los políticos, entre las familias y la Administración. Se debe informar puntualmente a las familias de lo que estamos haciendo en cada momento por imperativo legal y qué deberíamos estar haciendo por calidad educativa. Asumiremos la responsabilidad porque hemos demostrado que nuestra profesionalidad y catadura moral es infinitamente superior a la de quienes toman las decisiones y quienes callan al transmitirlas, y explicaremos claramente cuáles son las prioridades de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias y cuáles las necesidades del alumnado y sus familias, y que cada palo aguante su vela porque está mandando el capitán…

Un presente triste, un futuro terrible… Y si encima la Unión Deportiva golea y el Tenerife pierde, a peor la mejoría, pero ni por todas las resoluciones injustas del mundo dejaré de apoyar al equipo y la cantera.

   Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

    No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

    Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

    ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.

    ¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

    ¡Guardo los vasos desechables!

    ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!

    ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

   Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!

    ¡Es más!
    ¡Se compraban para la vida de los que venían después!
    La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.
    Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.

    ¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

    ¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?
     ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?
    ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
    ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
    Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.

    El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
    El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!
    ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de… años!
    Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

    No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan .
    Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De ‘por ahí’ vengo yo. Y no es que haya sido mejor.. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el ‘guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo’, pasarse al ‘compre y bote que ya se viene el modelo nuevo’.Hay que cambiar el auto cada 3 años como máximo, porque si no,  eres un arruinado. Así el coche que tenés esté en buen estado . Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!!!!  Pero por Dios.

    Mi cabeza no resiste tanto.

    Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

    Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

    Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

    ¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

    En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

    Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

    Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para pone r en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver.. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!

    Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía ‘éste es un 4 de bastos’.

    Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.

    Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden ‘matarlos’ apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!

    Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: ‘Cómase el helado y después tire la copita’, nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

    Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

    Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero.. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo,pegatina en el cabello y glamour.

    Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la ‘bruja’ como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la ‘bruja’ me gane de mano y sea yo el entregado.

     Eduardo Galeano, periodista y escritor uruguayo.

Eduardo Galeano

La democracia haitiana nació hace un ratito. En su breve tiempo de vida, esta criatura hambrienta y enferma no ha recibido más que bofetadas. Estaba recién nacida, en los días de fiesta de 1991, cuando fue asesinada por el cuartelazo del general Raoul Cedras. Tres años más tarde, resucitó. Después de haber puesto y sacado a tantos dictadores militares, Estados Unidos sacó y puso al presidente Jean-Bertrand Aristide, que había sido el primer gobernante electo por voto popular en toda la historia de Haití y que había tenido la loca ocurrencia de querer un país menos injusto.

El voto y el veto

Para borrar las huellas de la participación estadounidense en la dictadura carnicera del general Cedras, los infantes de marina se llevaron 160 mil páginas de los archivos secretos. Aristide regresó encadenado. Le dieron permiso para recuperar el gobierno, pero le prohibieron el poder. Su sucesor, René Préval, obtuvo casi el 90 por ciento de los votos, pero más poder que Préval tiene cualquier mandón de cuarta categoría del Fondo Monetario o del Banco Mundial, aunque el pueblo haitiano no lo haya elegido ni con un voto siquiera.

Más que el voto, puede el veto. Veto a las reformas: cada vez que Préval, o alguno de sus ministros, pide créditos internacionales para dar pan a los hambrientos, letras a los analfabetos o tierra a los campesinos, no recibe respuesta, o le contestan ordenándole:

¡Recite la lección! Y como el gobierno haitiano no termina de aprender que hay que desmantelar los pocos servicios públicos que quedan, últimos pobres amparos para uno de los pueblos más desamparados del mundo, los profesores dan por perdido el examen.

La coartada demográfica

A fines del año pasado cuatro diputados alemanes visitaron Haití. No bien llegaron, la miseria del pueblo les golpeó los ojos. Entonces el embajador de Alemania les explicó, en Port-au-Prince, cuál es el problema:
Este es un país superpoblado -dijo-. La mujer haitiana siempre quiere, y el hombre haitiano siempre puede.

Y se rió. Los diputados callaron. Esa noche, uno de ellos, Winfried Wolf, consultó las cifras. Y comprobó que Haití es, con El Salvador, el país más superpoblado de las Américas, pero está tan superpoblado como Alemania: tiene casi la misma cantidad de habitantes por quilómetro cuadrado.

En sus días en Haití, el diputado Wolf no sólo fue golpeado por la miseria: también fue deslumbrado por la capacidad de belleza de los pintores populares. Y llegó a la conclusión de que Haití está superpoblado. .. de artistas.
 
En realidad, la coartada demográfica es más o menos reciente. Hasta hace algunos años, las potencias occidentales hablaban más claro.

La tradición racista

Estados Unidos invadió Haití en 1915 y gobernó el país hasta 1934. Se retiró cuando logró sus dos objetivos: cobrar las deudas del City Bank y derogar el artículo constitucional que prohibía vender plantaciones a los extranjeros. Entonces Robert Lansing, secretario de Estado, justificó la larga y feroz ocupación militar explicando que la raza negra es incapaz de gobernarse a sí misma, que tiene “una tendencia inherente a la vida salvaje y una incapacidad física de civilización”. Uno de los responsables de la invasión, William Philips, había incubado tiempo antes la sagaz idea: “Este es un pueblo inferior, incapaz de conservar la civilización que habían dejado los franceses”.

Haití había sido la perla de la corona, la colonia más rica de Francia: una gran plantación de azúcar, con mano de obra esclava. En El espíritu de las leyes, Montesquieu lo había explicado sin pelos en la lengua: “El azúcar sería demasiado caro si no trabajaran los esclavos en su producción. Dichos esclavos son negros desde los pies hasta la cabeza y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible tenerles lástima. Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro”.
En cambio, Dios había puesto un látigo en la mano del mayoral. Los esclavos no se distinguían por su voluntad de trabajo. Los negros eran esclavos por naturaleza y vagos también por naturaleza, y la naturaleza, cómplice del orden social, era obra de Dios: el esclavo debía servir al amo y el amo debía castigar al esclavo, que no mostraba el menor entusiasmo a la hora de cumplir con el designio divino. Karl von Linneo,contemporá neo de Montesquieu, había retratado al negro con precisión científica: “Vagabundo, perezoso, negligente, indolente y de costumbres disolutas”. Más generosamente, otro contemporáneo, David Hume, había comprobado que el negro “puede desarrollar ciertas habilidades humanas, como el loro que habla algunas palabras”.

La humillación imperdonable

En 1803 los negros de Haití propinaron tremenda paliza a las tropas de Napoleón Bonaparte, y Europa no perdonó jamás esta humillación infligida a la raza blanca. Haití fue el primer país libre de las Américas. Estados Unidos había conquistado antes su independencia, pero tenía medio millón de esclavos trabajando en las plantaciones de algodón y de tabaco. Jefferson, que era dueño de esclavos, decía que todos los hombres son iguales, pero también decía que los negros han sido, son y serán inferiores.

La bandera de los libres se alzó sobre las ruinas. La tierra haitiana había sido devastada por el monocultivo del azúcar y arrasada por las calamidades de la guerra contra Francia, y una tercera parte de la población había caído en el combate. Entonces empezó el bloqueo. La nación recién nacida fue condenada a la soledad. Nadie le compraba, nadie le vendía, nadie la reconocía.

El delito de la dignidad

Ni siquiera Simón Bolívar, que tan valiente supo ser, tuvo el coraje de firmar el reconocimiento diplomático del país negro. Bolívar había podido reiniciar su lucha por la independencia americana, cuando ya España lo había derrotado, gracias al apoyo de Haití. El gobierno haitiano le había entregado siete naves y muchas armas y soldados, con la única condición de que Bolívar liberara a los esclavos, una idea que al Libertador no se le había ocurrido. Bolívar cumplió con este compromiso, pero después de su victoria, cuando ya gobernaba la Gran Colombia, dio la espalda al país que lo había salvado. Y cuando convocó a las naciones americanas a la reunión de Panamá, no invitó a Haití pero invitó a Inglaterra.

Estados Unidos reconoció a Haití recién sesenta años después del fin de la guerra de independencia, mientras Etienne Serres, un genio francés de la anatomía, descubría en París que los negros son primitivos porque tienen poca distancia entre el ombligo y el pene. Para entonces, Haití ya estaba en manos de carniceras dictaduras militares, que destinaban los famélicos recursos del país al pago de la deuda francesa: Europa había impuesto a Haití la obligación de pagar a Francia una indemnización gigantesca, a modo de perdón por haber cometido el delito de la dignidad.

La historia del acoso contra Haití, que en nuestros días tiene dimensiones de tragedia, es también una historia del racismo en la civilización occidental.

Tomado de:
Brecha 556, Montevideo, 26 de julio de 1996.
Comentarios
Eduardo Galeano | Patria Grande ]
Última revisión: 4/08/96

MANUEL VICENT  24/01/2010. En El País.com

Mi habitación en La Habana daba a un patio interior que tenía mucha resonancia. El ama de casa me advirtió que hacia la medianoche oiría el orgasmo de la mulata del primero derecha; luego, al amanecer, me despertaría el canto de una docena de gallos que los vecinos criaban en las terrazas y enseguida, abajo en el solar, comenzaría a llorar Camilito, el hijo de la negra Teresa. Todo se producía según lo esperado cada noche, aunque el llanto del niño parecía no tener fin cuando empezaba a llorar después de que cantaran los gallos. Camilito berreaba sin parar, a veces se encanaba y al quedarse más de un minuto sin respiración yo creía lleno de angustia que había muerto, pero ese silencio sólo era un punto de apoyo para redoblar el sollozo con más fuerza todavía. En medio de su berrinche, que podía durar una hora o más, se oía la voz melodiosa de la negra Teresa, que decía: “Camilito, mi amol, qué te paaasa”. Al final el niño conseguía ser atendido y su llanto había tenido un sentido. Los bebés lloran como un mecanismo de defensa cuando sienten hambre, sed, frío, calor u otra molestia. Basta un mínimo problema, el biberón, el chupete, los pañales, para que el bebé llame la atención. Madres amorosas, niñeras solícitas, criadas cariñosas o enfermeras profesionales acuden a la cuna tan pronto como oyen que un niño mimado emite el primer vagido. Camilito lograba que su madre le atendiera después de desgañitarse durante una hora seguida; muchos niños afortunados lo consiguen en menos de un minuto, pero hay millones de niños que no obtienen nunca una cosa ni otra. En el campamento de refugiados ruandeses en Tanzania me di cuenta de que los niños no lloraban. Sólo miraban fijamente a sus madres. Un médico me explicó que allí los niños no lloraban porque su cerebro ya había codificado a través de su larga miseria heredada que el llanto no les servía de nada. El dolor estaba asimilado al silencio. En la tragedia de Haití se ha visto en una foto famosa al bombero Óscar Vega con un niño de dos años en brazos, rescatado de los escombros. El niño tiene lágrimas en los ojos, pero tampoco llora. Sin duda ha aprendido bien la lección mucho antes de nacer. Sabe que al final del llanto no hay nada ni nadie. Sólo parece asombrado de seguir vivo.

Editorial del País.

La activista saharaui Aminetu Haidar está ya de regreso a su casa en El Aaiún. Era la única salida aceptable para una crisis que tuvo como origen una decisión inicua del Gobierno marroquí y una colaboración del español sobre la que aún siguen pesando algunas sombras. Tras más de un mes en huelga de hambre, la vida de Haidar empezaba a correr serio peligro y es por ello un alivio que este episodio, que ha mostrado la debilidad de las bases de las relaciones entre España y Marruecos, no haya terminado en tragedia. Pero el simple hecho de haber logrado un desenlace sin consecuencias irreversibles para la vida de una persona, aunque con posibles secuelas para su salud, no significa que, desde el punto de vista político y diplomático, las cosas vayan a continuar como si nada hubiera sucedido.

Marruecos ha deteriorado gravemente la credibilidad de su propuesta de autonomía para el Sáhara. Con el trato dispensado a Haidar, a quien ha aplicado un castigo brutal y sin proporción alguna con la acción inicial de la activista, además de adoptado sin intervención judicial y contraviniendo los derechos humanos, ha dejado patente que la represión sigue formando parte de los métodos para tratar a los saharauis. Y ha vuelto a situar la cuestión del Sáhara en la agenda internacional, donde languidecía después de fracasar los intentos de solución llevados a cabo por algunos de los más comprometidos enviados internacionales, como James Baker.

Los puntos de vista de Marruecos sobre el Sáhara salen en peor posición después del injustificable atropello cometido con Haidar, y tardará tiempo en lograr, si es que lo logra, reconstruir una mínima compresión internacional.

Pero tampoco la diplomacia española, en particular el ministro Moratinos, sale indemne del trance. En la esfera internacional, España se ha visto forzada una vez más a involucrar a algunos de sus principales socios y aliados en la solución de un contencioso con Marruecos, mostrando su incapacidad para gestionar por sus propios medios y con solvencia la estabilidad de una región crucial como es el Magreb. Las dudas sobre el papel del Gobierno español en el origen de la crisis no hacen sino reforzar la creciente convicción internacional de que los asuntos entre España y Marruecos deben ser tratados como bilaterales, con lo que nuestro país corre el riesgo de ser progresivamente percibido, no como parte de la solución, sino del problema.

A lo largo de un mes, el ministro Moratinos ocultó un dato trascendental: que fue informado por su colega marroquí de la deportación de Haidar. Al reconocerlo ahora, deja en evidencia las declaraciones del presidente del Gobierno, la vicepresidenta primera y el ministro del Interior. Si con la información de la que disponía, el ministro de Asuntos Exteriores no hizo nada, entonces provocó por omisión el contencioso; si lo hizo, convirtió a España en cómplice del atropello.

En Somos Nadie.

Porque resististe hasta el final. Porque no te rendiste. Porque cuando te echaron de tu tierra y no te dejaban entrar en tu casa, nos entregaste todo lo que traías en tu equipaje: tus sonrisas, tus palabras, tus fuerzas, tus comidas, tu valentía. Porque llegaste a ofrecer tu vida, porque no estabas dispuesta a vender tu dignidad, ni a alquilarla, ni a dejarla como préstamo. No. Aguantaste la dignidad hasta el último minuto.

Por despertarnos las conciencias. Por sacarnos de nuestras casas. Por hacernos hablar de los derechos humanos, de los pueblos oprimidos, de las monarquías medievales, de los chantajes de Estado. Por ponerle rostro, ojos, manos, cuerpo, voz a un pueblo que querían enterrar bajo las arenas del desierto.

Por convertir el cuarto de maletas de un aeropuerto en el lugar de encuentro de decenas de corazones solidarios. Por destaparnos la auténtica cara de una monarquía que se disfraza de democracia. Por demostrar que al final la verdad siempre sale, que la mentira tiene las patas cortas aunque venga de la boca de un Ministro de Exteriores o de un cónsul que traicionó a su tierra. Por ayudarnos a descubrir la indignidad de los traidores a su propio pueblo.

Por demostrarnos que luchar por la justicia vale la pena. Por enseñarnos que los Estados armados hasta los dientes no siempre se salen con la suya, y que también pueden perder la batalla los cómplices de esos estados, los que les venden las armas y les brindan tratados de amistad. Por demostrar que la coherencia y la claridad de una sola mujer puede vencer a la fuerza de la falsedad de las diplomacias, a la violencia de las fronteras, a las decisiones injustas e ilegales de un gobierno déspota, a las cobardías de las mayorías parlamentarias, a las silenciosas complicidades de las monarquías hermanas.

Porque, esta vez, gracias a tu lucha, frente a las razones de Estado ganaron los corazones de los pueblos. Porque frente a la opinión publicada ganó la pública y masiva solidaridad.
Porque en estos 32 días nos diste tanto, nos enseñaste tanto, nos emocionaste tanto… Gracias, muchas gracias, Aminatu Haidar.

En Canarias Ahora

La columna anterior, sobre las víctimas canarias del Sahara, suscitó réplicas cuasi airadas y coincidentes en cargar contra los saharauis sin referencias a Marruecos; que algo tiene que ver, digo yo, en el conflicto sahariano si no me lo han cambiado. También tienen en común los replicantes elevar a cientos, incluso a miles, las víctimas isleñas; con la infamia añadida de acusarme de justificar muertes a manos de los polisarios.

Como comprenderán, no voy a estarme callado y aclaro, de entrada, que la infamia no la cometen conmigo, que uno está ya acostumbrado a estas cosas, sino con las familias de las víctimas al remover y manipular su dolor para que vean en la monarquía alauita la buena de la película. Al ser replicantes anónimos, no puedo decirles si pecan de ignorantes o si les mueve la mala fe o algún interés.

Nunca he ocultado mis simpatías por los saharauis. Considero justo lo que defienden y vista la tradicional hostilidad de Marruecos en lo que nos concierne directamente, no quiero ni pensar la que nos espera si consigue “rodear” por completo al archipiélago. Ni lo que ocurriría si, de acuerdo con su “protocolo” habitual de trato a España, pone Rabat a Madrid en el trance de optar entre la seguridad en el sur peninsular y Canarias. No olvidemos que estamos en la zona de influencia económica marroquí y que lo estaremos más si Marruecos se consolida ahí enfrente y obtiene la soberanía del territorio. Para pensárselo.

Sin embargo, a pesar de mis simpatías polisarias no descarté la posibilidad de que, en efecto, fueran ellos los causantes de las muertes. Sólo dije que la misma falta de datos y de hechos terminantes para afirmar o negar de manera taxativa la responsabilidad polisaria, permite sospechar que fueran marroquíes los autores. Que es donde duele a los replicantes.

Yo me inclino por la segunda opinión al tener Marruecos el control efectivo de la zona y los recursos militares necesarios; además de una considerable falta de escrúpulos para ejecutar operaciones que debiliten el apoyo canario a la causa saharaui. Esta es, insisto, una opinión, pero convendrán que no es lógico que los saharauis se arriesgaran a echarse en contra a la población canaria, que les aporta considerable apoyo logístico, dando muerte a isleños, con frecuencia simpatizantes suyos.

Ocultan los replicantes, como digo, a la parte marroquí a pesar de su papel central. Nada dicen nada de los avisos acerca del peligro real de ir a pescar en zona de guerra. Hay que pensar que si aún así continuaron yendo allá los barcos, se debió a las garantías de seguridad dadas por los propios marroquíes a los armadores. Poco les importaba porque, total, de producirse incidentes y muertes (o de provocarlos, no se olviden), no tenían sino que culpar a los polisarios. Convendría reparar en que los incidentes se recrudecieron tras abandonar Mauritania el sur del territorio que le fuera asignado en los acuerdos de Madrid y ocuparlo Marruecos sin más, sin tomar en consideración los tales acuerdos de los que algo apuntaré enseguida.

Los replicantes, al tratar de “invisibilizar” a Marruecos juegan, como tantos otros, con la desmemoria. No viene mal, pues, algún recordatorio. Primero fue la “marcha verde” de noviembre de 1975, durante la agonía de Franco. Siguieron los citados acuerdos de Madrid y la arriada de la última bandera española en El Aaiún, en febrero de 1976, con la que se inició la sangrienta ocupación marroquí. Los civiles saharauis que huían a Argelia fueron ametrallados y bombardeados sobre la marcha con napalm y fósforo blanco. La intención genocida quedó en evidencia.

El Polisario, establecido en Tinduf, se mantuvo sobre las armas hasta 1991 en que, bajo los auspicios de la ONU, se firmó el alto el fuego con el compromiso de celebrar el referéndum, ése que Marruecos impide y que olvidan los replicantes.

En hablando del referéndum, uno de los replicantes reprochó mi desconocimiento “de las reglas básicas del Derecho Internacional” al afirmar que es asunto de los saharauis optar por integrarse en Marruecos o formar un Estado independiente. Según el espontáneo iusinternacionalista, eso compete a la Comunidad Internacional, con mayúsculas mayestáticas, para rematar que ésta “no puede ser objeto de ningún chantaje”, qué va.

Ignora que desde los 14 puntos del presidente Woodrow Wilson, el derecho de autodeterminación de los pueblos es una de esas normas básicas, precisamente. No entraré en la ya inútil discusión de si el primero en formularlo fue Wilson o si lo proclamó antes la revolución soviética; sí diré que el referéndum sahariano busca hacer efectivo el ejercicio del derecho de autodeterminación de los saharauis y que decidan ellos si quieren ser marroquíes o independientes. Bájate de áhi, pues.

El iusinternacionalista de ocasión dice hablar “con el Derecho Internacional en la mano”. Sin especificar qué mano y si no será un miembro menos noble. Quizá no fuera a clase el día que explicaron la autodeterminación. En cuanto al chantaje a la Comunidad Internacional, imagino, por el sesgo de su intervención, que se referirá a Aminatu Haidar y no a los disparaderos en que la ha puesto Marruecos en varias ocasiones. Acusar de chantaje a quien se juega la vida por la causa de su pueblo es miserable, qué voy a decirles, aun en quienes no están de acuerdo con el procedimiento.

Debo recordar también al iusinternacionalista que la ONU es la institucionalización de la comunidad internacional, con minúsculas; que la ONU misma declaró ilegales los acuerdos de Madrid; y que sus servicios jurídicos dictaminaron, hace seis o siete años, que esos acuerdos no le dieron la soberanía sobre el Sahara que Marruecos ejerce sin piedad. Es lo que hay con el Derecho Internacional en la mano. Gracias por proporcionarme la “percha” para abordar estos extremos. 

ESCUELA_SOLIDARIA-LOGO
mayo 2017
L M X J V S D
« May    
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
293031  

Entradas por categorías

Estadísticas de esta página

  • 5,424 visitas

¡¡LIBERTAD PARA LOS PRESOS POLÍTICOS SAHARAUIS!!