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Damián Marrero Real, en su blog: La inocencia del devenir.

En estos días muchos centros educativos celebran el “Día Escolar Por la Paz”. Soy de los que cree que estas efemérides son necesarias. Es cierto que estas cosas deben “celebrarse” todos los días y no en una jornada concreta. Vale. Pero los humanos somos muy dados a estas componendas y no está mal del todo. La Paz y la Solidaridad siguen siendo valores esenciales para la escuela. El problema es que, si queremos que tengan un mínimo de significado, tienen que estar ligadas a demandas, situaciones y problemas concretos. Hemos abusado de una simbología que ha terminado por vaciarse de contenido. No se puede reducir la demanda de paz y la exigencia de justicia a un conjunto de blanquísimas palomas y muñecotes angelicales, abstracciones casi metafísicas sin capacidad transformadora alguna. Esa es la manera de pasar de puntillas por el expediente, recurrir a los lugares comunes que no exigen compromiso alguno.

Por eso es habitual y deseable aprovechar estas ocasiones para vocear demandas concretas. En estas islas, en los últimos años (sobre todo en el marco de la Red Canaria de Escuelas Solidarias) hemos hecho coincidir este día con acciones de sensibilización sobre la inmigración irregular y la situación de los Derechos Humanos en el Sáhara Occidental -cosas que nos tocan muy de cerca. Sin obviar, claro está, esa pléyade de conflictos e injusticias que asola nuestro planeta.

La escuela no puede ser neutral. Porque ¿qué es la neutralidad? ¿la sutil equidistancia entre víctimas y verdugos? ¿el distanciamiento acrítico de los hechos? ¿la obsesión por no molestar a nadie? Existe, además, la consideración de fondo de que el alumnado sufre algún tipo de discapacidad mental grave. Hay quien piensa que las débiles mentes infantiles y juveniles podrían sufrir algún tipo de shock postraumático, de difícil arreglo posterior, si se entra en detalle respecto a algunos problemas, si se denuncia la causa de las injusticias, si se llama a las cosas por su nombre. Mejor mantenerlos en el mundo de Heidi para que de adultos puedan ejercer de felices y despreocupados consumidores. Dicho esto, hay que dejar claro que no se trata de adoctrinar, peligroso planteamiento que hay que evitar a toda costa. Denunciar la violación de los derechos humanos hallá donde se produzca, la causas sistémicas que están detrás de la pobreza y la exclusión, de la destrucción de nuestro planeta, de la violencia de género, promover la democracia, etc. no es impartir una doctrina. Es darle contenido a la educación. ¿Qué si no es educar para la ciudadanía? ¿en qué consiste entonces la ‘competencia social y ciudadana’?

La escuela debe ser, en todo caso, plural. La pluralidad es una garantía precisamente contra el peligro del adoctrinamiento. Quienes se rasgan las vestiduras porque se exhiba, pongamos por caso, una bandera saharaui en un marco docente son precisamente quienes incurren en un atroz sectarismo. Hay también un miedo irracional (como todos los miedos) a que se ‘haga política’ con el alumnado. Este miedo tan extendido recuerda a aquel famoso comentario que se le atribuía a Franco cuando le recomendaba a sus propios ministros “que no se metieran en política”. Uno de los males sociales que nos aquejan, herencia quizás de aquellos años de oscuridad, es la despolitización de la ciudadanía. Se confunde torticeramente ‘política’ con ‘política de partido’. Hacer política no es hacer propaganda de las tesis de un partido. Han sido los partidos políticos y su clase profesional quienes se han agenciado para ellos el ejercicio de la política, que es una de las condiciones esenciales de la ciudadanía. Nos han hecho creer que la política es una cosa mala y sospechosa, que mejor está en manos de quienes se presentan ad eternam a las elecciones y pasan de un cargo a otro como quien juega a la oca (y tiro porque me toca).

En estos tiempos que corren parece estar produciéndose una gran confluencia de intereses para arrebatarle a la ciudadanía los últimos despojos de soberanía, aquella que tan pretenciosamente aparece en los preámbulos de declaraciones y constituciones varias. Y para ello se recurre a la vieja técnica del miedo. Y el miedo genera parálisis. Justo lo que necesitan quienes desean que en el solar la cosa esté tranquilita.

Frente a todo esto la escuela sigue siendo el último refugio de la esperanza.

Autora: Marisol Collado Mirabal
Directora del IES Arucas Domingo Rivero

No sabemos si fue un virus, un arrebato, alguien tocó el pito o se lo tocaron (en cualquiera de sus acepciones) pero lo cierto es que en los últimos 10 días de agosto se gestó el peor ataque a la enseñanza pública que en 23 años de docencia he tenido el placer de soportar. Lo más grave: la hipocresía, las excusas, el “tú ya sabes cómo estamos” (no, perdón, ¿quiénes? ¿cómo estamos? ¿alguien ha pensado cómo estaremos después de esto) el presuntuoso intento de buscar complicidades, de que entendamos decisiones que suponen, una vez más, sacrificios inútiles de cuestiones fundamentales para el futuro de Canarias y de los hombres y de las mujeres de esta tierra. Lo que me tiene indignada es la falsa apariencia de estar abordando, con decisiones que perjudican gravemente a la educación en Canarias, una crisis que tiene poco de educativa y mucho de política, cortando por lo sano, cercenando oportunidades y posibilidades, hipotecando el futuro. Alguien está jugando con las cosas de comer… y con las cosas de comer no se juega.

Del 20 al 31, sin capacidad de reacción, las fases lunares debieron alterarse porque cayeron en cascadas decisiones inaceptables, inadmisibles que han supuesto un empeoramiento gravísimo de las condiciones educativas. Decisiones laborales: se suprimieron comisiones de servicios, publicadas apenas 4 días antes, dejando en absoluta indefensión a los afectados y ocasionando auténticos dramas humanos; decisiones de planificación: se eliminaron grupos concedidos en julio o se suprimen enseñanzas sin opción para el alumnado que repite, etc. etc.

La guinda, una Resolución de 31 de agosto, firmada por 4 Direcciones Generales (un ardid político para que ningún cargo se quemara solito) que regula la incoherencia y la ineficacia de esta Administración para afrontar las necesidades educativas. Una resolución que sobrecarga a los centros educativos con responsabilidades de la propia Consejería, como son las sustituciones. Se nos cambia la finalidad de nuestra horas y se dan a cargos directivos más funciones de las que se puede humanamente asumir. Una resolución que crea confusión e indignación, porque las normas se imponen sin más, y que provoca, insisto, SACRIFICIOS INÚTILES. Es ésta una resolución falaz, que nos pone a los centros, una vez más, en la tesitura de la propia moral frente a la profunda inmoralidad de quienes nos gobiernan. El “error aritmético” de 250.000 euros de aumento para la policía autonómica y un nuevo cargo en la Consejería de Turismo surgen paralelos a un terrible error de cálculo en política educativa.

Nos han desprestigiado, nos han chantajeado con la crisis y 5 millones de desempleados, nos han amenazado, supuestamente hemos perdido las distintas batallas por nuestras reivindicaciones, tendremos que cumplir estrictamente las normas de sus incoherentes prioridades. Cumpliremos, of course, que no se diga, pero hay que negarse a seguir siendo el colchón entre la sociedad y los políticos, entre las familias y la Administración. Se debe informar puntualmente a las familias de lo que estamos haciendo en cada momento por imperativo legal y qué deberíamos estar haciendo por calidad educativa. Asumiremos la responsabilidad porque hemos demostrado que nuestra profesionalidad y catadura moral es infinitamente superior a la de quienes toman las decisiones y quienes callan al transmitirlas, y explicaremos claramente cuáles son las prioridades de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias y cuáles las necesidades del alumnado y sus familias, y que cada palo aguante su vela porque está mandando el capitán…

Un presente triste, un futuro terrible… Y si encima la Unión Deportiva golea y el Tenerife pierde, a peor la mejoría, pero ni por todas las resoluciones injustas del mundo dejaré de apoyar al equipo y la cantera.

 
30-4-2010

La Asociación Recreas, entidad sin ánimo de lucro que busca potenciar la labor educativa, ha concedido la distinción Maestr@pasión 2010 al profesor de Filosofía realejero Damián Marrero Real. Se trata de la cuarta persona que recibe esta mención, instituida en el año 2007.

[Lee la entrevista a Damián]

   Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

    No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar.

    Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales.

    ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó botar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo.

    ¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.

    ¡Guardo los vasos desechables!

    ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez!

    ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

   Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida!

    ¡Es más!
    ¡Se compraban para la vida de los que venían después!
    La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas de loza.
    Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de refrigerador tres veces.

    ¡¡Nos están fastidiando! ! ¡¡Yo los descubrí!! ¡¡Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

    ¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de los tenis Nike?
     ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando colchones casa por casa?
    ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista?
    ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
    Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más y más basura.

    El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad.
    El que tenga menos de 30 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el que recogía la basura!!
    ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de… años!
    Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII)

    No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan .
    Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De ‘por ahí’ vengo yo. Y no es que haya sido mejor.. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el ‘guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo’, pasarse al ‘compre y bote que ya se viene el modelo nuevo’.Hay que cambiar el auto cada 3 años como máximo, porque si no,  eres un arruinado. Así el coche que tenés esté en buen estado . Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!!!!  Pero por Dios.

    Mi cabeza no resiste tanto.

    Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real.

    Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.

    Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

    ¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

    En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las tapas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

    Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave. ¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

    Las cosas no eran desechables. Eran guardables. ¡¡¡Los diarios!!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para pone r en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver.. ¡¡¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!!!

    Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía ‘éste es un 4 de bastos’.

    Los cajones guardaban pedazos izquierdos de pinzas de ropa y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en una pinza completa.

    Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden ‘matarlos’ apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!

    Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: ‘Cómase el helado y después tire la copita’, nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de botellones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

    Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. ¡¡¡Ah!!! ¡¡¡No lo voy a hacer!!! Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables.

    Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero.. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo,pegatina en el cabello y glamour.

    Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la ‘bruja’ como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva. Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la ‘bruja’ me gane de mano y sea yo el entregado.

     Eduardo Galeano, periodista y escritor uruguayo.

VICENTE VERDÚ  23/01/2010 En El Pais.com

La tercera aporía o problema sin “visible” solución tiene lugar en el espacio de la educación. Un campo tan principal como mal labrado y cultivado.

Unos y otros, intelectuales y políticos en vigor, formados en la vieja cultura del “capitalismo de producción”, señalan dos males capitales en los alumnos que les condenan al fracaso y la lasitud.

Uno es el de “la falta de espíritu de sacrificio”, de la ética del esfuerzo y toda la retahíla que denuncia la ausencia de abnegación. El otro mal, también muy subrayado, se refiere al caos del aula consecuencia del poco o nulo respeto que se presta a la autoridad del maestro.

Contra el primer déficit -“falta de sacrificio”- no se ha emprendido acción concreta alguna, pero contra el segundo, la Comunidad de Madrid ha decidido considerar al profesor como “autoridad pública” y aumentar así la gravedad de las penas que recaigan sobre quien lo insulte o agreda.

Antes de esta última medida, el Gobierno de Esperanza Aguirre pensó incluso en reinstalar tarimas en las aulas como modo de escenificar la superioridad del docente y su figura sagrada.

Sobre los resultados de la llamada Ley de Autoridad del Profesor, todavía en fase de proyecto, podría ya anticiparse que no resolverán nada esencial. La razón es que los dos factores demonizados (falta de espíritu de sacrificio en el alumnado, falta de respeto a la autoridad del profesor) se corresponden con dos pilares culturales del puro espíritu de nuestro tiempo y no son, como se piensa, lacras o virus a combatir.

Si los muchachos no muestran espíritu de sacrificio y sí, por el contrario, reclamación de recompensas antes de haberse esforzado, es porque reproducen el espíritu mismo de la prosperidad en la cultura de consumo donde primero se obtiene la cosa y luego llegan los pagos, donde primero se recibe el piso o el goce y luego aparecen los efectos secundarios.

Exigir penalidades antes de obtener el paraíso fue la ecuación religiosa que inspiró el éxito del “capitalismo de producción”: primero se ahorraba a través de privaciones y después se adquiría, al contado, la cosa.

La cultura de consumo invirtió esta ecuación y las mismas leyes sobre educación que permiten pasar de curso sin haber aprobado varias asignaturas son uno de sus correlatos. Primero el ascenso de grado y, más tarde, los duros efectos secundarios.

A las asignaturas se las llama aún “disciplinas” como efecto de pertenecer históricamente al universo del dolor. Pero ese mundo en que el dolor, o el ahorro o la represión sexual, tenían sentido es ya un mundo acabado.

Tan acabado como el invocado respeto a la autoridad. Todas las instituciones y sus máximos representantes, desde la política a la Iglesia, desde los bancos a los medios de comunicación, se hallan desacreditados. Respetar a la Autoridad se contradice con este desprestigio al que contribuye no sólo la escandalosa corrupción de las autoridades sino el auge del poder en red.

La generación Internet se ha formado en la participación y la interacción, no en la obediencia a un jefe. Los líderes en la red lo son por su capacidad de emulación y el grupo (también en las empresas, también en la ciencia) se constituye en fuente de intercambio de saber. No es un faraón del conocimiento quien imparte doctrina sino que la doctrina o el conocimiento se realizan en cooperación: en la propuesta y su cola de correcciones. Quien no entienda esto será presa del pasado. Más pegajoso que instructor, menos sabio que impertinente.

Cuatro estudiantes cuentan a AULA cómo ayudan en la lucha contra el hambre

 

El primero de los Objetivos del Milenio es erradicar la pobreza extrema y el hambre, y este fin de semana está bajo la lupa del mundo entero. A tan sólo seis años de la fecha límite para el cumplimiento de los ocho compromisos que se marcaron 189 países de la ONU en 2000, el camino se presenta aún largo y tedioso. El futuro está en manos de las generaciones más jóvenes. «Aunque parezcan muy desinteresados, se implican mucho en ayudar a los más pobres», explica Carmen Pereiro, voluntaria de Cruz Roja en el programa educativo 2015, tu ayuda también cuenta, que el año pasado buscó concienciar a 32 grupos de alumnos de 1o y 2o de la ESO de centros madrileños de que toda iniciativa contra la pobreza sirve. «Cuando estuve en Marruecos me dí cuenta del esfuerzo que suponen para esas personas actos como dar a luz, porque tienen que recorrer muchísimos kilómetros», relata Inés Strugata, de 16 años una de las participantes en el programa Madrid, rumbo al sur. También lo hizo Irene Arjona, que reconoce que se sorprendió mucho al llegar a África: «Te lo venden de una manera pero, cuando realmente conoces la cultura, te choca». Y describe esa sensación: «Te das cuenta de que estás en medio de la nada, en un pueblo al que acaba de llegar la electricidad y ¡sólo a 15 kilómetros de España!»

El IES Franchy Roca, de Las Palmas de Gran Canaria, participa en la Asociación Canaria de Enseñantes por la Paz ya la Solidaridad. Miriam tiene 14 años y es alumna del centro. «Tenemos un comité en el que discutimos las posibles soluciones a la pobreza y hacemos viajes al Sáhara para cooperar», explica. Ella ya ha estado allí dos veces, y afirma que «lo pasó bastante mal» pero eso le dió «fuerzas para seguir luchando».

Para Sara Panero, voluntaria de Cruz Roja Castilla y León, la solución no pasa por la ayuda directa: «Yo les proporcionaría utensilios y semillas y les enseñaría a ser autónomos».

Inés no puede evitar lamentar no poder hacer más: «Después del viaje miro atrás y digo: hay muchas ganas pero es tan pequeño lo que podemos hacer…»

 

Después de leer la reunión que han mantenido algunos miembros de la Red con los representantes de la DGOIE, no han aportado nada nuevo pues los argumentos son los mismos que dieron en septiembre. Quizás ahora más reforzado con la situación económica y que el recorte sigue su línea, ya que efectivamente me consta que los CEPS vuelven a tener recortes para el próximo curso 2009/10. Además de insistir en que con la LOE este tipo de programas deben de formar parte del proyecto de centro. Bueno, hasta ahí era todo más de lo mismo con un talante distinto, según ustedes, pero cuando llegué al final y leí que “la situación de Cristi no fue bien gestionada”, lo siento pero no pude sentir otra cosa que impotencia por la situación creada y que han jugado con mi tiempo, mi compromiso con la RED, mi trabajo, mi familia, mi persona y así podría seguir enumerando.
Algún miembro de los que forman la DGOIE se ha preguntado  ¿cuál fue mi situación al llegar a mi centro de destino el 12 de septiembre? Por si no se acuerdan, les refrescaré la memoria.
En primer lugar, decir que las formas no fueron las más oportunas. No se me puede invitar a dos reuniones en el mes de julio, una en Tenerife y otra en Lanzarote ” como el nuevo fichaje de la DGOIE” y como la sustituta de Miguel Rodríguez. Llamárme alguien de Tenerife y preguntarme mis datos personales porque los necesitaba para la “intranet” y aquí en Las Palmas más de lo mismo porque necesitaban actualizar los datos de cara a las futuras gestiones.
Me despido el 16 de julio hasta el 26 de agosto, día que me vuelvo a incorporar. Recibimos un saludo afectuoso y animándonos a trabajar en un año que se preveía duro debido a que debíamos de recortar presupuesto.
Entendimos la situación y aún así ilusionados nos pusimos manos a la obra, a todas estas aclarar que toda esta información nos llegaba vía e-mail. En ningún momento hubo una reunión explicando la nueva situación con alguien de la Dirección General, nos llegaban rumores de lo que luego fue una realidad.
Me dijeron que me incorporara a mi centro hasta que se firmaran las comisiones de servicio pués sólo se habían firmado tres. Así fue, el nuevo aviso llegó el 26 de septiembre diciendo ” lo siento pero no ha podido ser, no hay dinero”
A esas alturas de septiembre los horarios y los grupos están repartidos, es más cuando llegué al centro era el día del claustro.
Para mi sorpresa iba a trabajar con un grupo de adolescentes de 16 a 18 años que no habían superado 1º de la ESO y con algunos problemas sociales, familiares etc . Esto se convirtió en una pesadilla afectando a mi vida diaria en el centro y fuera de él.
No viene al caso contar con pelos y señales la experiencia vivida a lo largo del curso, pero sí decir que si me hubiesen dado la oportunidad de elegir llegando a tiempo al IES probablemente el curso académico 2008/09 simplemente hubiese sido distinto.
       Se extrañarán y se preguntarán qué por qué ahora 25 de junio y no he escrito esta reflexión mucho antes,pero la realidad manda y no es hasta hoy cuando me he sentido con fuerza para poder explicar cuáles han sido algunas de las consecuencias que ha habido por sus decisiones políticas.

Entrevista a Claudio Naranjo*. Psiquiatra, musicólogo y pedagogo. El Mundo

– ¿Qué diantre ocurre?

Que la educación no educa: es un fraude. Te venden grandes conceptos, pretenden enseñarte cuál es el secreto de la vida… y luego no aporta más que hechos científicos, cuando lo que necesita un niño es conocerse a sí mismo.

– ¿Qué tiene de malo el álgebra?

Lo malo es educar sin amor. Los niños se rebelan contra una educación que se les vende “por su propio bien” pero que distrae de las cosas verdadermente importantes de la vida.

– ¿Y qué debería de enseñarse en clase?

Virtud, en el sentido griego. Y autoconocimiento. Y sed de búsqueda. También podemos preguntarnos cómo enseñar.

– Usted dirá profe.

Somos seres tricerebrados. La neurociencia nos enseña que tenemos un cerebro racional, otro afectivo y otro instintivo. La educación debería contribuir a armonizar esas tres partes. Se pretende que el niño renuncie a su instintividad, que se esté quieto.

– El amor tampoco cabe en clase.

Y es una pena. Cultivar el amor es fundamental. La falta de afectividad en la relación entre maestro y su discípulo es una fuente de neurosis. También hay que amarse a uno mismo, y eso no está bien visto.

– Los seres humanos estamos sedientos de amor y de…

Hay una enorme sed de metafísica insatisfecha y vivimos rodeados de una poderosa industria de distracciones que nos impide abordarla. Lo importante es encontrarse con ese vacío y no llenarlo con lo primero que encontremos.

– ¿Cómo evaluaríamos a los alumnos en esa escuela ideal?

Las cosas que de verdad interesan se aprenden por amor al conocimiento, y no por miedo al sus penso. Los exámenes matan la enorme curiosidad de los niños. Y lo aprendido a la fuerza se olvida enseguida.

– Hoy se habla mucho de educar en valores.

Educar en la virtud no es algo que se pueda hacer con prédicas. Si un profesor no es libre, no puede enseñar libertad. El niño aprende de lo que uno es, no de lo que uno dice.

– ¿Cual es la mayor resistencia al cambio?

La religión del mercado. Se enseña a los niños a ser productivos, a ocuparse mucho del dinero. Eso se traduce en un empobrecimiento del alma.

– ¿Cómo anda de esperanza?

Edgar Morin me confió una vez que quizas el gran desastre que se avecina sirva para cambiar nuestra conciencia.

– No me asuste.

A veces, ante una gran tragedia, la gente abre el corazón. El cambio climático hará la vida más difícil. La sociedad deberá cambiar o sucumbir. Pienso en qué futuro les espera a nuestros nietos. Por ello la educación es mi mayor esperanza.

*Mítico profesor de Religión Comparada en Berkely, creador del Programa SAT para educadores, discípulo del gestálico Fritz Peris y de monjes como Tarthang Tulku Rimpoché. Naranjo se siente “más joven que nunca” y dice: ” No es la guerra, no es la política ni el mercado; la única posibilidad para transformar el mundo está en la educación”.

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