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¿Una dictadura en Túnez? ¿En Egipto una dictadura? Viendo a los medios relamerse con la palabra «dictadura» aplicada al Túnez de Ben Alí y al Egipto de Moubarak, los franceses han debido de preguntarse si han entendido o han leído bien. ¿No habían insistido durante decenios esos mismos medios y esos mismos periodistas en que esos dos “países amigos” eran “Estados moderados”? ¿La horrible palabra “dictadura” no estaba exclusivamente reservada en el mundo árabe musulmán (después de la destrucción de la “espantosa tiranía” de Saddam Hussein en Irak) solo al régimen Iraní? ¿Cómo? ¿Había entonces otras dictaduras en la región? Y ¿nos lo habrían ocultado los medios de nuestra ejemplar democracia? He aquí, en todo caso, un primer abrir de ojos que debemos al rebelde pueblo tunecino. Su prodigiosa victoria ha liberado a los europeos de la “retórica hipócrita y de ocultamiento” en vigor en nuestras cancillerías y en nuestros medios. Obligados a quitarse la careta, simulan descubrir lo que sabíamos desde hace rato, que las “dictaduras amigas” no son más que eso: regímenes de opresión. Sobre el asunto, los medios no han hecho otra cosa que seguir la “línea oficial”: cerrar los ojos o mirar hacia otro lado confirmando la idea de que la prensa no es libre salvo en relación con los débiles y la gente aislada. ¿Acaso Nicolás Sarkozy no ha tenido el aplomo de asegurar que en Túnez “había una desesperanza, un sufrimiento, un sentimiento de ahogo que hay que reconocer que no habíamos apreciado en su justa medida”, con respecto al sistema mafioso del clan Ben Alí-Trabelsi?

“No habíamos apreciado en su justa medida…” En 23 años… A pesar de contar allí con servicios diplomáticos más prolíficos que los de cualquier otro país… A pesar de la colaboración en todos los sectores de la seguridad (policía, gendarmería, inteligencia…). A pesar de las estancias regulares de altos responsables políticos y mediáticos que establecían allí desacomplejadamente sus lugares de veraneo… Pese a la existencia en Francia de dirigentes exiliados de la oposición tunecina, mantenidos como apestados al margen por las autoridades francesas y de acceso prohibido durante decenios a los grandes medios… Democracia ruinosa..

En realidad esos regímenes autoritarios han sido (y siguen siendo) complacientemente protegidos por las democracias europeas, despreciando sus propios valores, con el pretexto de que constituyen baluartes contra el islamismo radical. El mismo cínico argumento usado por Occidente durante la Guerra Fría, para apoyar dictaduras militares en Europa (España, Portugal, Grecia, Turquía) y en América Latina pretendiendo impedir la llegada del comunismo al poder.

¡Qué formidable lección dan las sociedades árabes revolucionarias a los que en Europa los describían con términos maniqueos, es decir, como masas dóciles sometidas a sátrapas orientales corruptos o como muchedumbres histéricas poseídas por el fanatismo religioso! Y he aquí que de repente surgen, en las pantallas de nuestros ordenadores o de nuestros televisores (cf.: el admirable trabajo de Al-Jazeera) preocupadas por el progreso social, nada obsesionadas por la cuestión religiosa, sedientas de libertad, soprepasadas por la corrupción, detestando las desigualdades y reclamando democracia para todos, sin exclusiones.

Lejos de las caricaturas binarias, estos pueblos no constituyen en modo alguno una especie de “excepción árabe” sino que se asemejan en sus aspiraciones políticas al resto de las ilustradas sociedades urbanas modernas. Un tercio de los tunecinos y casi un cuarto de los egipcios navegan regularmente por Internet. Como afirma Moulay Hicham El Alaoui: “Los nuevos movimientos ya no están marcados por los viejos antagonismos como antiimperialismo, anticolonialismo, o antisecularisno. Las manifestaciones de Túnez y El Cairo han estado desprovistas de todo simbolismo religioso. Constituyen una ruptura generacional que refuta la tesis del excepcionalismo árabe. Además son las nuevas metodologías de la comunicación de Internet las que animan estos movimientos. Ellos proponen una nueva versión de la sociedad civil en la que el rechazo al autoritarismo va de la mano con el rechazo a la corrupción”.

Especialmente gracias a las redes sociales digitales, las sociedades tanto de Túnez como de Egipto se movilizaron con gran rapidez y pudieron desestabilizar el poder en tiempo récord. Aún antes de que los movimientos hayan tenido la oportunidad de “madurar” y de favorecer la emergencia de nuevos dirigentes dentro de ellos. Es una de las raras ocasiones en las que sin líderes, sin organización dirigente y sin programa, la simple dinámica de la exasperación de las masas ha bastado para conseguir el triunfo de la revolución. Se trata de un momento frágil y sin duda las potencias ya estarán trabajando, especialmente en Egipto, para que “todo cambie sin que cambie nada” según el viejo adagio de El Gatopardo. Esos pueblos que conquistaron su libertad deben recordar la advertencia de Balzac, “Se matará a la prensa como se mata a un pueblo, otorgándole la libertad”. En las “democracias vigiladas” es mucho más fácil domesticar legítimamente a un pueblo que en las antiguas dictaduras. Pero esto no justifica su mantenimiento. Ni debe empañar el ardor de derrocar una tiranía.

El hundimiento de la dictadura tunecina ha sido tan veloz que los demás pueblos magrebíes y árabes han llegado a la conclusión de que esas autocracias –las más viejas del mundo- estaban en realidad profundamente corroídas y no eran por lo tanto más que “tigres de papel”. Esta demostración se ha verificado también en Egipto.

De allí este impresionante levantamiento de los pueblos árabes, que lleva a pensar inevitablemente en el gran florecimiento de las revoluciones europeas de 1848, en Jordania, en Yemen, en Argelia, en Siria, en Arabia Saudí, en Sudán y también en Marruecos.

En este último país, una monarquía absoluta, en el que el resultado de las “elecciones” (siempre trucado) siempre lo decide el soberano, que designa según su voluntad a los llamados ministros “de la soberanía”, unas cuantas decenas de familias próximas al trono continúan acaparando la mayoría de las riquezas. Los cables difundidos por Wikileaks han revelado que la corrupción llega a niveles de indecencia descomunales, mayores que los del Túnez de Ben Alí, y que las redes mafiosas tenían todas como único origen el Palacio. Un país en el que la práctica de la tortura está generalizada y el amordazamiento de la prensa es permanente.

Sin embargo, como en el Túnez de Ben Alí, esta “dictadura amiga” se beneficia de la gran indulgencia de los medios y de la mayor parte de nuestros responsables políticos, los cuales minimizan las señales del comienzo de un “contagio” de la rebelión. Cuatro personas se han inmolado ya prendiéndose fuego. Se han producido manifestaciones de solidaridad con los rebeldes de Túnez y de Egipto en Tánger, en Fez y en Rabat. Acosadas por el miedo las autoridades han decidido subvencionar preventivamente los artículos de primera necesidad para evitar las “rebeliones del pan”. Importantes contingentes de tropas del Sahara Occidental habrían sido desplazadas aceleradamente hacia Rabat y Casablanca. El rey Mohamed VI y algunos colaboradores se habrían trasladado a Francia el 29 de enero para consultar a expertos en orden público del Ministerio francés del Interior.

Aunque las autoridades desmienten las dos últimas informaciones, está claro que la sociedad marroquí está siguiendo los acontecimientos de Túnez y Egipto con excitación. Preparados para unirse al impulso de fervor revolucionario y quebrar de una vez por todas las trabas feudales. Y a pedir cuentas a todos aquéllos que en Europa fueron durante decenios cómplices de las “dictaduras amigas”.

Fuente: PlataformaSahara

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Damián Marrero Real, en su blog: La inocencia del devenir.

En estos días muchos centros educativos celebran el “Día Escolar Por la Paz”. Soy de los que cree que estas efemérides son necesarias. Es cierto que estas cosas deben “celebrarse” todos los días y no en una jornada concreta. Vale. Pero los humanos somos muy dados a estas componendas y no está mal del todo. La Paz y la Solidaridad siguen siendo valores esenciales para la escuela. El problema es que, si queremos que tengan un mínimo de significado, tienen que estar ligadas a demandas, situaciones y problemas concretos. Hemos abusado de una simbología que ha terminado por vaciarse de contenido. No se puede reducir la demanda de paz y la exigencia de justicia a un conjunto de blanquísimas palomas y muñecotes angelicales, abstracciones casi metafísicas sin capacidad transformadora alguna. Esa es la manera de pasar de puntillas por el expediente, recurrir a los lugares comunes que no exigen compromiso alguno.

Por eso es habitual y deseable aprovechar estas ocasiones para vocear demandas concretas. En estas islas, en los últimos años (sobre todo en el marco de la Red Canaria de Escuelas Solidarias) hemos hecho coincidir este día con acciones de sensibilización sobre la inmigración irregular y la situación de los Derechos Humanos en el Sáhara Occidental -cosas que nos tocan muy de cerca. Sin obviar, claro está, esa pléyade de conflictos e injusticias que asola nuestro planeta.

La escuela no puede ser neutral. Porque ¿qué es la neutralidad? ¿la sutil equidistancia entre víctimas y verdugos? ¿el distanciamiento acrítico de los hechos? ¿la obsesión por no molestar a nadie? Existe, además, la consideración de fondo de que el alumnado sufre algún tipo de discapacidad mental grave. Hay quien piensa que las débiles mentes infantiles y juveniles podrían sufrir algún tipo de shock postraumático, de difícil arreglo posterior, si se entra en detalle respecto a algunos problemas, si se denuncia la causa de las injusticias, si se llama a las cosas por su nombre. Mejor mantenerlos en el mundo de Heidi para que de adultos puedan ejercer de felices y despreocupados consumidores. Dicho esto, hay que dejar claro que no se trata de adoctrinar, peligroso planteamiento que hay que evitar a toda costa. Denunciar la violación de los derechos humanos hallá donde se produzca, la causas sistémicas que están detrás de la pobreza y la exclusión, de la destrucción de nuestro planeta, de la violencia de género, promover la democracia, etc. no es impartir una doctrina. Es darle contenido a la educación. ¿Qué si no es educar para la ciudadanía? ¿en qué consiste entonces la ‘competencia social y ciudadana’?

La escuela debe ser, en todo caso, plural. La pluralidad es una garantía precisamente contra el peligro del adoctrinamiento. Quienes se rasgan las vestiduras porque se exhiba, pongamos por caso, una bandera saharaui en un marco docente son precisamente quienes incurren en un atroz sectarismo. Hay también un miedo irracional (como todos los miedos) a que se ‘haga política’ con el alumnado. Este miedo tan extendido recuerda a aquel famoso comentario que se le atribuía a Franco cuando le recomendaba a sus propios ministros “que no se metieran en política”. Uno de los males sociales que nos aquejan, herencia quizás de aquellos años de oscuridad, es la despolitización de la ciudadanía. Se confunde torticeramente ‘política’ con ‘política de partido’. Hacer política no es hacer propaganda de las tesis de un partido. Han sido los partidos políticos y su clase profesional quienes se han agenciado para ellos el ejercicio de la política, que es una de las condiciones esenciales de la ciudadanía. Nos han hecho creer que la política es una cosa mala y sospechosa, que mejor está en manos de quienes se presentan ad eternam a las elecciones y pasan de un cargo a otro como quien juega a la oca (y tiro porque me toca).

En estos tiempos que corren parece estar produciéndose una gran confluencia de intereses para arrebatarle a la ciudadanía los últimos despojos de soberanía, aquella que tan pretenciosamente aparece en los preámbulos de declaraciones y constituciones varias. Y para ello se recurre a la vieja técnica del miedo. Y el miedo genera parálisis. Justo lo que necesitan quienes desean que en el solar la cosa esté tranquilita.

Frente a todo esto la escuela sigue siendo el último refugio de la esperanza.

 Damián Marrero Real, en su blog: La inocencia del devenir.

La Unión Europea, con España como principal promotor, acaba de dar por zanjada la “crisis” (¡ah! ¿pero hubo crisis?) con Marruecos por los sucesos de El Aaiun. Además, para que el amigo Mohamed VI no se nos mosquee, que andan muy suceptibles los muchachos últimamente, han firmado varios acuerdos de cooperación (más tomate marroquí para Europa). Nuestra flamante ministra de asuntos exteriores, Trinidad Jiménez, no desperdició la oportunidad de ponerle la guinda al pastel y declaró muy ufana ella que “ningún suceso va a alterar la relación que tenga la Unión Europea con Maruecos”. Como a la señora Trinidad no le suponemos un pelo de ingenua damos por hecho que es perfectamente consciente de que esto supone firmar la sentencia de muerte política del pueblo saharaui.
La ignominia moral del gobierno español roza cotas desconocidas desde la llegada de la democracia a este país. A base de querer distanciarse del estilo Aznar, el del puro en la boca y los pies en la mesa junto a Bush, el de la foto de las Azores y el acento chicano de toda la vida, han terminado por dar un giro de 360º y llegar al punto de partida del que pretendían diferenciarse (eso sí, en plan talante y esas cosas). Con este planteamiento la próxima vez que Marruecos masacre a los saharauis los harán miembros de pleno derecho de la Unión Europea y la siguiente ingresan de lleno en el euro (siempre y cuando no sea Marruecos quien exija que el resto de la UE adopte el dirham, claro). Vamos a tener tomate marroquí en el desayuno, almuerzo y cena como sigamos con este plan. O sea que ¡barra libre, Mohamed VI! Trinidad Jiménez, siempre en aras del buen rollito, acaba de decretar que puede usted hacer lo que le venga en gana que aquí paz y después gloria, que dos no pelean si uno no quiere, my friend. Para qué mosquearnos por quítame allá unos saharauis.
En realidad esta cobardía moral no es de ahora. Los papeles de Wikileaks demuestran que después de que Zapatero tomara la decisión de retirar las tropas españolas de Irak estuvo el resto del tiempo pidiéndole perdón al gobierno norteamericano por ello y en más de una ocasión de una manera bastante patética (que se lo pregunten a la familia de José Couso). Con esta endeblez, con este doble juego moral, no es de extrañar que esta gente haga oídos sordos a todo lo que suponga un mínimo inconveniente a la “conjunción interplanetaria” Obama / Zapatero. ¿Era este el socialismo del siglo XXI? Los “intereses españoles” no son, por lo que se ve, los de la memoria histórica, la justicia y los Derechos Humanos. Eso está bien para la escuelita, el artículo dominguero de opinión o la cena oficial ante otros jefes de Estado con la prensa de por medio. En esto, hay que admitirlo, no nos distinguimos en nada del resto de los países de este orbe mal avenido. Si escarbamos un poquito, si vamos un pelín más allá de la estrategias de comunicación y el manual de estilo, vemos que es más de lo mismo. Otro capítulo más de la Historia Universal de la Infamia, como diría Borges.

Bachir Ahmed en su blog Karma Saharauia

Si yo fuese poeta y tuviera un desengaño amoroso, quizá tendría que empezar escribiendo: Hoy me siento muy triste, ella me ha abandonado por otro y me ha dejado perdido en la inmensidad de una realidad que desconozco. Ahora serán otros labios los que besen los suyos, otras manos la que acaricien su cuerpo, otros ojos los que miren su corazón. Ella será feliz y yo lamentaré su pérdida, aunque nadie podrá arrancármela del corazón; ni ella misma. Hoy me siento solo y triste.

Todo eso y mucho más escribiría hoy, pero no soy poeta, aunque mi corazón este desgarrado de dolor.

Tengo la mirada perdida y mis ojos en la lejanía solo ven terror, barbarie y sangre. Oigo gritos lejanos que me piden ayuda que no puedo dar. Mis ojos se cubren de lágrimas y la impotencia me acobarda, me destruye, me desgarra las entrañas. Mis hermanos me llaman y yo los oigo, los siento y mi mano no llega a ellos. El humo me ciega, me hace llorar pero me niego a cerrar los ojos. Los mantengo abiertos, y a través de mis lágrimas veo  imágenes que me impactan; niños que lloran, mujeres que sangran, ancianos que huyen y hombres que mueren.

Me niego a ser impasible ante el criminal, reniego del pacifismo estúpido y amoral que se utiliza para subyugar al más débil. Vomito mi rabia con la mirada ante la atadura de lo correcto y me convierto en esclavo del mundo real. El mundo que mira para otro lado, el que permite la muerte de niños inocentes, el que asesina mujeres embarazadas, el que desprecia la dignidad.

Me niego a pertenecer a ese mundo irreal e inhumano, lo denuncio y lo desprecio. Le doy la espalda y escupo sobre sus estúpidas leyes ignominiosas y marrulleras.

No acepto la paz de los poderosos. Aquellos que con la sonrisa en los labios asesinan a escondidas, torturan y violan los derechos más elementales. Los que venden armas para aplastar la rabia contenida de los pueblos. Los que tienen talante pero no tienen talento.

Saco de lo más profundo de mi alma el recuerdo de los compañeros muertos, torturados, humillados y despreciados para que mi grito rebelde sea permanente. Digo alto y fuerte: ¡Me niego a aceptarlo!

Mi mirada será más triste, mi sonrisa apenas será una mueca, mientras persista en mi mente el sufrimiento de los miles de compatriotas que sufren diariamente las injusticias.

Reniego del hecho consumado y me uno al grito desgarrador de los jóvenes de mi tierra. Pido armas para no morir de rodillas, para defender mi dignidad; para que  nuestras mujeres sepan que sus hijos morirán con la cabeza alta, mirando al cobarde enemigo a los ojos. Que  la muerte no es muerte si está en juego mi dignidad. No quiero morir acorralado sin posibilidad de defensa, quiero hacerlo en libertad, a la luz del sol o al abrigo de las estrellas de mi desierto.

Basta ya de intereses de estado, de alabar tiranías, de esclavitud consentida, de derechos inhumanos, de venta de armas, de expolio, de torturas, de desapariciones, de realidades irreales.

Basta ya de injusticias, de palabras vacías, de mentiras piadosas, de mercadeo con nuestro destino. No deseo referéndum, ni autodeterminación, ni que otros decidan por mi, mi destino lo elijo yo. Pedir libertad me ha convertido en un delincuente, en un refugiado, en un sin tierra, en un nadie.

No negocio mi muerte, ni acepto estrechar la mano tendida y ensangrentada del asesino de mis hermanos. Desprecio el politiqueo barato de soluciones inciertas. Aborrezco la vileza de las declaraciones interesadas, donde la vida humana está por debajo de los intereses comerciales. Denuncio el servilismo y la corrupción, el besamanos y el miedo, la esclavitud y el racismo.

Admiro a la gente, a los que salen a la calle y reclaman, a los que se oponen, a los que no aceptan, a los que denuncian, a los que te abrazan. Amo a mis mujeres, a mis ancianos, a mis hombres, a mis niños, en definitiva, amo la vida.

 Mi dignidad es sagrada, por eso hoy se ha roto algo en mi interior. Ya no soy el mismo. Mi existencia es más triste y efímera. Ya he dejado ser yo y soy nosotros.  Tengo la mirada triste de los hombres, el llanto contenido de las madres y las lágrimas de los niños del Sahara.

No soporto tanta impunidad. Hoy me duele el alma y me siento solo y triste.

14 de febrero de 2010 – 35 años del Acuerdo Tripartito de Madrid

26-10-2010 – Francisco Muro de Iscar

¿A quién le importa el Sahara?

 

Los disparos de la Policía marroquí han matado a Nayem El Garhi y muchos diarios españoles han dado la noticia escondida en sus páginas y han hablado de “un joven”. No, Nayem El Garhi era un niño saharaui de 14 años, una voz inocente, culpable de nada. Su hermano se debate entre la vida y la muerte. Otro hermano está en la cárcel. Pero la noticia apenas ha tenido eco y nadie del mundo de la farándula, casi ninguna asociación, pocas, casi ninguna, voces políticas se han alzado para condenar esta muerte. Al fin y al cabo, ¿a quién le importa el Sahara?

Cerca de 15.000 saharauis, muchos de ellos mujeres y niños, que huyen del paro, la pobreza y la colonización, han levantado un campamento en las afueras de El Aaiún como protesta por sus condiciones de vida en la zona del Sahara Occidental. Allí pretendía acceder Nayem cuando el vehículo en el que viajaba fue tiroteado. El coche no se paró, pero cuando lo hacen, en la mayoría de las ocasiones, les detienen, les bajan del coche, les golpean y les quitan cuanto llevan de valor. Y la ONU y la comunidad internacional guardan silencio. Al fin y al cabo, ¿a quién le importa el Sahara?

Siete periodistas españoles de cinco medios no han podido viajar desde Casablanca a El Aaiún para cubrir la protesta saharaui y se han quedado en tierra. Les han anulado los billetes sin explicación alguna y a uno de ellos, al que seguramente por error no le anularon el billete, las fuerzas de seguridad marroquíes le retiraron la tarjeta de embarque y el personal de la aerolínea, le impidió subir al avión sin ella. Y no pasa nada. Al fin y al cabo, ¿a quién le importa el Sahara?
Ciudadanos españoles que fueron hace menos de dos meses a El Aaiún a protestar fueron maltratados por las fuerzas de seguridad marroquíes y el Gobierno español prefirió mirar hacia otro lado. Al fin y al cabo, ¿a quién le importa el Sahara?

Aminatou Haidar es ya un recuerdo. Un recuerdo molesto para el Gobierno español y para el Gobierno marroquí, pero sólo un recuerdo. Su lucha, su huelga de hambre en el aeropuerto, su dignidad de mujer y de saharaui,  ha sido olvidada. El Sahara está bajo dominio militar de Marruecos, según denuncia el Frente Polisario y no pasa nada. Al fin y al cabo, ¿a quién le importa el Sahara?

Pero eso sí, si Marruecos se mete con policías españoles, presiona sobre Ceuta y Melilla o pide más, el Gobierno dialoga, da explicaciones, concede condecoraciones….Al fin y al cabo, ¿a quién le importa el Sahara, a quién le importa una población a la que España abandonó a su suerte, a su mala suerte, hace 35 años? Ni protestas ni manifestaciones ni nada. Nadie defiende el derecho de los saharauis a su dignidad, a su tierra, a ser una nación, a vivir en libertad.

Guinguinbali.com

Los saharauis han demostrado una enorme capacidad de resistencia en las últimas décadas, a prueba de guerras, exilio y opresión. Pero los acontecimientos que se están viviendo estos días en El Aaiún son históricos. Bajo la consigna del “estamos hartos”, miles de saharauis han construido un espacio de libertad en el desierto. Sin embargo, Marruecos acecha.

A estas alturas, a nadie le puede caber ninguna duda de que los acontecimientos que se están viviendo en el Sahara Occidental en este preciso instante tienen un calado y una trascendencia histórica más que evidentes. Miles de personas, entre ellos personas muy mayores y niños, han tomado la decisión de dejar sus casas y abandonar su ciudad, aquella en la que nacieron y viven, para instalarse en jaimas en el desierto con la firme determinación de aguantar el tiempo que haga falta. Están hartos de ser discriminados por Marruecos, de que les insulten, les humillen, les roben lo que es suyo.

Esta no es una historia de buenos y malos, porque buenos y malos hay en todos partes, en todos los países, en todos los bandos. Y todos tienen sus razones que defenderán con pasión. Pero sí es una historia de Justicia. Será difícil rebuscar en los rincones del mundo y encontrar un pueblo que merezca más que el pueblo saharaui decidir su propio futuro. Han demostrado una capacidad enorme para resistir en la adversidad. Saben que el mundo les ha dado la espalda (hablo de organismos internacionales, estados y gobiernos y excluyo aquí el aliento gigantesco de buena parte de la sociedad civil), pero así y todo han hecho de la resistencia una forma de vida.

Fue sobre el 9 de octubre. Primero unas decenas de jaimas, luego cientos, ahora miles. Los saharauis fueron llegando a Gdeim Izik bajo la única consigna del estamos hartos y no podemos más. Se han organizado. Entre las tiendas hay servicio de seguridad, enfermeros, mecánicos, transportistas… Son como una pequeña ciudad de lona, un mar de jaimas en medio de nada. Pero ni allí les dejan vivir en paz.

Desde el comienzo de esta singular protesta, Marruecos ha mostrado su rostro más implacable. Miles de policías y soldados rodean ya a Gdeim Izik, helicópteros militares sobrevuelan el campamento y entrar y salir de allí es una aventura mortal, como se ha demostrado. Como dice nuestra compañera Laura Gallego, El Aaiún es hoy, ahora mismo, una ciudad sitiada y a Gdeim Izik la rodean muros, alambradas y piedras erizadas de marroquíes. Al desierto le han crecido vallas.

Primero, la intimidación, y, el domingo por la noche, las metralletas. ¿De qué manera se puede justificar lo ocurrido?, ¿alguien piensa, de verdad, que disparar contra civiles indefensos y matar a un niño de 14 años es razonable?, ¿qué ha pasado con el alto el fuego firmado por Marruecos y el Polisario que obligaba a ambas partes a no usar las armas en este territorio?, ¿dónde está la ONU cuando se la necesita, cuando se le había advertido que esto podía ocurrir?, ¿no tenía la Minurso que velar por ese alto el fuego, no era su objetivo principal?, ¿o es que están muy ocupados haciendo turismo en el desierto?

No tengo ni idea cómo puede acabar esta historia. Lo que sí está claro es que Marruecos no quiere testigos. Ayer impidió la entrada a los territorios ocupados a siete periodista españoles. Si sabemos lo que ocurre allí es gracias a los propios saharauis, a asociaciones civiles de apoyo al Sahara y, por qué no decirlo, a la única periodista que está hoy informando desde El Aaiún, nuestra compañera Laura Gallego.

Para GuinGuinBali, un proyecto joven e ilusionante que quiere arrojar luz sobre la realidad de África, las violaciones de Derechos Humanos y las injusticias en general son una prioridad. Lo hemos demostrado escribiendo una y otra vez sobre los vertidos en el Delta del Níger, la difícil situación de gays y lesbianas en el continente, la terrible dictadura de Teodoro Obiang en Guinea Ecuatorial o la discriminación de los bosquimanos. Y el Sahara, tan cerca de nosotros, no podía ser una excepción.

Laura Gallego ha llegado hasta el corazón de este pueblo y de este territorio para explicarnos a todos lo que ocurre, para contarnos la verdad que muchos quieren silenciar. Los lectores de GuinGuinBali, a través de comentarios y llamadas, nos han hecho llegar su calor y agradecimiento por este esfuerzo. Ahí es donde nos van a encontrar siempre. A veces nos equivocaremos, cometeremos errores. Pero creemos que vale la pena. Gracias a todos y gracias especialmente a los saharauis por enseñarnos con hechos que la lucha por la Justicia siempre vale la pena. Y gracias, cómo no, a Laura por hacer su trabajo con coraje y honestidad.

 El país bajo mi piel es el título de la autobiografía de Gioconda Belli, y me atrevo a copiarla, en la confianza de que no le importará que la utilice para escribir sobre Aminattou Haidar.

Esta mujer que, con su entereza y coraje, ha conseguido sobrecoger Canarias, avergonzar a España y recordar al mundo la lucha del Sahara.

 Al  ver en la prensa las imágenes de su progresiva delgadez y debilitamiento, mantenidas con tanta entereza dignidad, me evocan a su pueblo.

El exilio del desierto, las penurias a las que obliga, mes tras mes, años tras año, y el olvido, impuesto por conveniencias y la fuerza del paso del tiempo de la prensa, los gobiernos y la mayor parte de la Comunidad Internacional las veo hoy reflejadas en Aminattou Haidar.

 Este pueblo hermano en el exilio ha ido viviendo momentos de esperanza y frustraciones, desencantos y más desencantos ante la poca efectividad de las soluciones habladas y nunca hechas realidad con efectividad.

 Aminattou es hoy el Sahara, “vendida” al habérsele sustraído su pasaporte, como su Tierra fue vendida también. Ella es hoy, más que nunca, su Patria.

Y también está sufriendo esas ofertas de soluciones que no se hacen una realidad efectiva, una salida digna.

 Desde este rincón del mundo Aminattou, con su gesta recuerda a todo el mundo que el Sahara aún existe, que sigue en su lucha. Ha conseguido que el tema vuelva a estar en portadas y en las conversaciones de la gente y los gobiernos.

 Hoy ella, como su pueblo, prefiere “morir de pié a vivir de rodillas”.

Usa su libertad de no hacer lo que no se quiere, aunque no siempre se pueda hacer lo que se quiere.

 Viva es mucho más útil que convertida en una mártir más, y eso lo sabe muy bien Marruecos, y sabe también que todo es cuestión de esperar y retrasar.

 Pero, por el cariz que el asunto va tomando, temo que la historia vuelva a repetirse, unos días de noticia y actualidad, indignaciones en las personas y colectivos más humanos y concientizados, actos de Solidaridad ¿Y después?

 ¿Después? ¿Otra mártir por la causa? ¿El olvido de muchos y recuerdo de unos pocos? Y volver a colaborar con el mantenimiento del gobierno y la Monarquía marroquí y de paso los intereses económicos de los que allí los mantienen

 No permitamos que, aunque como dijo el poeta aún nos quede, quedarnos sólo con la palabra. Por ella, por la dignidad, por el Sahara y por nosotras y nosotros.

 Ana Gloria Sánchez Ruano

Para los escépticos. Les ruego que vean este vídeo… ¿Por qué no?

Texto y voz: Eduardo Galeano.

Música: Bosques de mi mente.

Después de leer la reunión que han mantenido algunos miembros de la Red con los representantes de la DGOIE, no han aportado nada nuevo pues los argumentos son los mismos que dieron en septiembre. Quizás ahora más reforzado con la situación económica y que el recorte sigue su línea, ya que efectivamente me consta que los CEPS vuelven a tener recortes para el próximo curso 2009/10. Además de insistir en que con la LOE este tipo de programas deben de formar parte del proyecto de centro. Bueno, hasta ahí era todo más de lo mismo con un talante distinto, según ustedes, pero cuando llegué al final y leí que “la situación de Cristi no fue bien gestionada”, lo siento pero no pude sentir otra cosa que impotencia por la situación creada y que han jugado con mi tiempo, mi compromiso con la RED, mi trabajo, mi familia, mi persona y así podría seguir enumerando.
Algún miembro de los que forman la DGOIE se ha preguntado  ¿cuál fue mi situación al llegar a mi centro de destino el 12 de septiembre? Por si no se acuerdan, les refrescaré la memoria.
En primer lugar, decir que las formas no fueron las más oportunas. No se me puede invitar a dos reuniones en el mes de julio, una en Tenerife y otra en Lanzarote ” como el nuevo fichaje de la DGOIE” y como la sustituta de Miguel Rodríguez. Llamárme alguien de Tenerife y preguntarme mis datos personales porque los necesitaba para la “intranet” y aquí en Las Palmas más de lo mismo porque necesitaban actualizar los datos de cara a las futuras gestiones.
Me despido el 16 de julio hasta el 26 de agosto, día que me vuelvo a incorporar. Recibimos un saludo afectuoso y animándonos a trabajar en un año que se preveía duro debido a que debíamos de recortar presupuesto.
Entendimos la situación y aún así ilusionados nos pusimos manos a la obra, a todas estas aclarar que toda esta información nos llegaba vía e-mail. En ningún momento hubo una reunión explicando la nueva situación con alguien de la Dirección General, nos llegaban rumores de lo que luego fue una realidad.
Me dijeron que me incorporara a mi centro hasta que se firmaran las comisiones de servicio pués sólo se habían firmado tres. Así fue, el nuevo aviso llegó el 26 de septiembre diciendo ” lo siento pero no ha podido ser, no hay dinero”
A esas alturas de septiembre los horarios y los grupos están repartidos, es más cuando llegué al centro era el día del claustro.
Para mi sorpresa iba a trabajar con un grupo de adolescentes de 16 a 18 años que no habían superado 1º de la ESO y con algunos problemas sociales, familiares etc . Esto se convirtió en una pesadilla afectando a mi vida diaria en el centro y fuera de él.
No viene al caso contar con pelos y señales la experiencia vivida a lo largo del curso, pero sí decir que si me hubiesen dado la oportunidad de elegir llegando a tiempo al IES probablemente el curso académico 2008/09 simplemente hubiese sido distinto.
       Se extrañarán y se preguntarán qué por qué ahora 25 de junio y no he escrito esta reflexión mucho antes,pero la realidad manda y no es hasta hoy cuando me he sentido con fuerza para poder explicar cuáles han sido algunas de las consecuencias que ha habido por sus decisiones políticas.

tinduf09_helio-169Aún con el polvo del desierto entre los poros de la piel, aún tras el big bam de sentimientos que deja el contacto con sus gentes, aun con los ojos llenos de la luz y de los colores de África, aún con el olor que se extiende entre las haimas, ese olor que es mezcla de té hirviendo en el hornillo, de cabras que huyen del calor y de perfume intenso de mujer. Aún con la mirada de los niños prendida del corazón, aún con la garganta irritada del polvo del camino, aún con las sensaciones a flor de piel…

 

Este año la expedición de la Red Canaria de Escuelas Solidarias (RCES) partió de Tenerife, éramos 58, 38 alumnos/as y 20 profesores. Tras el embarque dos quedaron en tierra, una alumna que olvidó comprobar la caducidad de su pasaporte y una profesora que debió quedarse con ella e iniciar un retorno triste hasta Gran Canaria.

 

Me gusta observar el rostro del alumnado al iniciar el viaje, ya que sé que es un rostro sin retorno, nadie vuelve igual de los campamentos, se pierde y se gana algo en la mirada, en el semblante. Es como una cirugía, pero no sólo estética, sino más bien ética.

Analizo sus palabras, sus expectativas, cómo se imaginan lo que van a ver… sus dudas… Luego cuando regresan ya no hay preguntas, una mirada entre perdida en el impacto y ganada para la causa, para la esperanza, para la vida….

 

Llegamos a Tinduf sobre las 11:00 del sábado 6 de abril, la luz nos recibió tibia y difuminada entre polvo y la arena, la luz de África es una luz distinta. Pronto estuvimos en marcha en esos camiones que distribuyen a las expediciones entre las wilayas de los campamentos.  Auserd está a cuarenta minutos de baches, de polvo y de desierto. La carretera que conduce a Smara siempre queda a la derecha, como una burla a nuestros riñones.

 

Siempre que llego me desoriento, sé la zona de la haima de Maluma, pero todo es tan igual, no hay carteles, ni colores que distingan las familias, no sé cómo pueden orientarse, a primera vista todas las dairas son iguales el mismo color a barro, a lona verde, la misma chatarra de corrales, las mismas melfas y turbantes que te saludaron el año pasado.

 

Pero en los campamentos siempre llegas, más tarde o más temprano, alcanzas tu destino, la sombra de una haima, el agua para refrescarte, el primer té ya entre las ascuas y un frasco de colonia que aquí no te pondrías nunca, pero que allí huele a elixir.

 

Tres días con las familias se le antojó a todo el mundo insuficiente, pero más tiempo igual termina por  ser insoportable para nuestras contradicciones. Sólo se pueden superar gracias a la alegría, la dignidad y a las riquezas que poseen y te ofrecen a pesar de su pobreza.

 

Una de esas riquezas es la esperanza. No hay conversación en el desierto que no concluya con un “ojalá muy pronto nos veamos y tomemos el té de la amistad en la tierra que nos pertenece”.

 

Los mayores mantienen la esperanza de no morir sin volver a ver y pisar la arena de las playas del Aaiun, los niños hablan con soltura de una tierra que no han vista aún, pero que saben que es la herencia de sus padres, y los jóvenes… Lo de los jóvenes es quizás lo peor. Los jóvenes son los más descreídos, son los que tienen un rictus de desconfianza en la mirada, son los más tristes, los que deambulan entre los campamentos como buscando un destino que se les escapó. No tiene nada que hacer, no hay trabajo ni futuro para ellos, ni dentro ni fuera de los campamentos; y el saberlo, y el estar abocados a lo que venga sin poder hacer nada, les genera incredulidad en el género humano, porque les han robado el futuro.

Y qué decirles, cómo no comprenderles…

 

Brahim Husein volverá a Dahjla, el campamento más pobre, con una pierna menos, la que le robó esa mina anti-personas que a lo mejor se construyo en España. Volverá preguntándose si mereció la pena, si el gesto de inmolarse un miembro ante los miles de asistentes a la manifestación contra el muro de la vergüenza, habrá servido para algo. Los jóvenes de los campamentos dicen que mientras no haya muertos, nadie hará nada.

 

El alumnado y profesorado de la RCES, regresamos el sábado 11 de abril de 2009, de nuestro tercer viaje de cooperación a los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf, de haber desarrollado el I Encuentro Intercultural con el alumnado de la Escuela “12 de octubre”, de haber entregado 18.000€ en ayuda económica para las escuelas de los campamentos, pero sobre todo de dejar plantado entre sus haimas un pedazo de nuestro corazón; con razón reza aquel cartel de los campamentos: “Aquí no crecen  árboles, pero florecen personas” . Sin duda, la mejor lección que hemos aprendido.

 

P.D.: Me encantaría que la Sra. Consejera de Educación, pudiera justificar con que argumento deja a proyectos como este sin el apoyo de dicha institución. Después de 15 años de historia, la RCES dejo de tener este curso los dos profesores que estaban liberados para coordinar este proyecto, así como las pequeñas infraestructuras con las que contaba de recursos materiales y económicos.

 

Helio Ayala Díaz

Presidente de la Asociación Canaria de Enseñantes por la Paz y la Solidaridad.

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¡¡LIBERTAD PARA LOS PRESOS POLÍTICOS SAHARAUIS!!