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Después de leer la reunión que han mantenido algunos miembros de la Red con los representantes de la DGOIE, no han aportado nada nuevo pues los argumentos son los mismos que dieron en septiembre. Quizás ahora más reforzado con la situación económica y que el recorte sigue su línea, ya que efectivamente me consta que los CEPS vuelven a tener recortes para el próximo curso 2009/10. Además de insistir en que con la LOE este tipo de programas deben de formar parte del proyecto de centro. Bueno, hasta ahí era todo más de lo mismo con un talante distinto, según ustedes, pero cuando llegué al final y leí que “la situación de Cristi no fue bien gestionada”, lo siento pero no pude sentir otra cosa que impotencia por la situación creada y que han jugado con mi tiempo, mi compromiso con la RED, mi trabajo, mi familia, mi persona y así podría seguir enumerando.
Algún miembro de los que forman la DGOIE se ha preguntado  ¿cuál fue mi situación al llegar a mi centro de destino el 12 de septiembre? Por si no se acuerdan, les refrescaré la memoria.
En primer lugar, decir que las formas no fueron las más oportunas. No se me puede invitar a dos reuniones en el mes de julio, una en Tenerife y otra en Lanzarote ” como el nuevo fichaje de la DGOIE” y como la sustituta de Miguel Rodríguez. Llamárme alguien de Tenerife y preguntarme mis datos personales porque los necesitaba para la “intranet” y aquí en Las Palmas más de lo mismo porque necesitaban actualizar los datos de cara a las futuras gestiones.
Me despido el 16 de julio hasta el 26 de agosto, día que me vuelvo a incorporar. Recibimos un saludo afectuoso y animándonos a trabajar en un año que se preveía duro debido a que debíamos de recortar presupuesto.
Entendimos la situación y aún así ilusionados nos pusimos manos a la obra, a todas estas aclarar que toda esta información nos llegaba vía e-mail. En ningún momento hubo una reunión explicando la nueva situación con alguien de la Dirección General, nos llegaban rumores de lo que luego fue una realidad.
Me dijeron que me incorporara a mi centro hasta que se firmaran las comisiones de servicio pués sólo se habían firmado tres. Así fue, el nuevo aviso llegó el 26 de septiembre diciendo ” lo siento pero no ha podido ser, no hay dinero”
A esas alturas de septiembre los horarios y los grupos están repartidos, es más cuando llegué al centro era el día del claustro.
Para mi sorpresa iba a trabajar con un grupo de adolescentes de 16 a 18 años que no habían superado 1º de la ESO y con algunos problemas sociales, familiares etc . Esto se convirtió en una pesadilla afectando a mi vida diaria en el centro y fuera de él.
No viene al caso contar con pelos y señales la experiencia vivida a lo largo del curso, pero sí decir que si me hubiesen dado la oportunidad de elegir llegando a tiempo al IES probablemente el curso académico 2008/09 simplemente hubiese sido distinto.
       Se extrañarán y se preguntarán qué por qué ahora 25 de junio y no he escrito esta reflexión mucho antes,pero la realidad manda y no es hasta hoy cuando me he sentido con fuerza para poder explicar cuáles han sido algunas de las consecuencias que ha habido por sus decisiones políticas.

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“En el mundo actual se está invirtiendo cinco veces más en medicamentos para la virilidad masculina y silicona para mujeres que en la cura del Alzheimer. De aquí en algunos años tendremos viejas de tetas grandes y viejos con el pene duro, pero ninguno de ellos se acordará para qué sirven.”

Drauzio Varella (São Paulo, 1 de enero de 1943), é um médico oncologista, consultor de informática e escritor brasileiro, conhecido por popularizar a medicina em seu país, através de programas de rádio e TV.

 
t_represion_721Entrevistado para el programa Notisur de YVKE Mundial, Shapion Noningo, miembro del Comité de Defensa de la Aidesep ratificó que aún es difícil determinar la cifra definitiva de víctimas en Bagua debido al toque de queda impuesto por el gobierno de Alan García Pérez. [leer + en YVKE Mundial]

Entrevista a Claudio Naranjo*. Psiquiatra, musicólogo y pedagogo. El Mundo

– ¿Qué diantre ocurre?

Que la educación no educa: es un fraude. Te venden grandes conceptos, pretenden enseñarte cuál es el secreto de la vida… y luego no aporta más que hechos científicos, cuando lo que necesita un niño es conocerse a sí mismo.

– ¿Qué tiene de malo el álgebra?

Lo malo es educar sin amor. Los niños se rebelan contra una educación que se les vende “por su propio bien” pero que distrae de las cosas verdadermente importantes de la vida.

– ¿Y qué debería de enseñarse en clase?

Virtud, en el sentido griego. Y autoconocimiento. Y sed de búsqueda. También podemos preguntarnos cómo enseñar.

– Usted dirá profe.

Somos seres tricerebrados. La neurociencia nos enseña que tenemos un cerebro racional, otro afectivo y otro instintivo. La educación debería contribuir a armonizar esas tres partes. Se pretende que el niño renuncie a su instintividad, que se esté quieto.

– El amor tampoco cabe en clase.

Y es una pena. Cultivar el amor es fundamental. La falta de afectividad en la relación entre maestro y su discípulo es una fuente de neurosis. También hay que amarse a uno mismo, y eso no está bien visto.

– Los seres humanos estamos sedientos de amor y de…

Hay una enorme sed de metafísica insatisfecha y vivimos rodeados de una poderosa industria de distracciones que nos impide abordarla. Lo importante es encontrarse con ese vacío y no llenarlo con lo primero que encontremos.

– ¿Cómo evaluaríamos a los alumnos en esa escuela ideal?

Las cosas que de verdad interesan se aprenden por amor al conocimiento, y no por miedo al sus penso. Los exámenes matan la enorme curiosidad de los niños. Y lo aprendido a la fuerza se olvida enseguida.

– Hoy se habla mucho de educar en valores.

Educar en la virtud no es algo que se pueda hacer con prédicas. Si un profesor no es libre, no puede enseñar libertad. El niño aprende de lo que uno es, no de lo que uno dice.

– ¿Cual es la mayor resistencia al cambio?

La religión del mercado. Se enseña a los niños a ser productivos, a ocuparse mucho del dinero. Eso se traduce en un empobrecimiento del alma.

– ¿Cómo anda de esperanza?

Edgar Morin me confió una vez que quizas el gran desastre que se avecina sirva para cambiar nuestra conciencia.

– No me asuste.

A veces, ante una gran tragedia, la gente abre el corazón. El cambio climático hará la vida más difícil. La sociedad deberá cambiar o sucumbir. Pienso en qué futuro les espera a nuestros nietos. Por ello la educación es mi mayor esperanza.

*Mítico profesor de Religión Comparada en Berkely, creador del Programa SAT para educadores, discípulo del gestálico Fritz Peris y de monjes como Tarthang Tulku Rimpoché. Naranjo se siente “más joven que nunca” y dice: ” No es la guerra, no es la política ni el mercado; la única posibilidad para transformar el mundo está en la educación”.

Quiero compartir algunas preguntas, moscas que me zumban en la cabeza.

¿Es justa la justicia? ¿Está parada sobre sus pies la justicia del mundo al revés?

El zapatista de Irak, el que arrojó los zapatazos contra Bush, fue condenado a tres años de cárcel. ¿No merecía, más bien, una condecoración?

¿Quién es el terrorista? ¿El zapatista o el zapateado? ¿No es culpable de terrorismo el serial killer que mintiendo inventó la guerra de Irak, asesinó a un gentío y legalizó la tortura y mandó aplicarla?

¿Son culpables los pobladores de Atenco, en México, o los indígenas mapuches de Chile, o los kekchíes de Guatemala, o los campesinos sin tierra de Brasil, acusados todos de terrorismo por defender su derecho a la tierra? Si sagrada es la tierra, aunque la ley no lo diga, ¿no son sagrados, también, quienes la defienden?

Según la revista Foreign Policy, Somalia es el lugar más peligroso de todos. Pero, ¿quiénes son los piratas? ¿Los muertos de hambre que asaltan barcos o los especuladores de Wall Street, que llevan años asaltando el mundo y ahora reciben multimillonarias recompensas por sus afanes?

¿Por qué el mundo premia a quienes lo desvalijan?

¿Por qué la justicia es ciega de un solo ojo? Wal Mart, la empresa más poderosa de todas, prohíbe los sindicatos. McDonald’s, también. ¿Por qué estas empresas violan, con delincuente impunidad, la ley internacional? ¿Será porque en el mundo de nuestro tiempo el trabajo vale menos que la basura y menos todavía valen los derechos de los trabajadores?

¿Quiénes son los justos y quiénes los injustos? Si la justicia internacional de veras existe, ¿por qué nunca juzga a los poderosos? No van presos los autores de las más feroces carnicerías. ¿Será porque son ellos quienes tienen las llaves de las cárceles?

 

¿Por qué son intocables las cinco potencias que tienen derecho de veto en las Naciones Unidas? ¿Ese derecho tiene origen divino? ¿Velan por la paz los que hacen el negocio de la guerra? ¿Es justo que la paz mundial esté a cargo de las cinco potencias que son las principales productoras de armas? Sin despreciar a los narcotraficantes, ¿no es éste también un caso de “crimen organizado”?

Pero no demandan castigo contra los amos del mundo los clamores de quienes exigen, en todas partes, la pena de muerte. Faltaba más. Los clamores claman contra los asesinos que usan navajas, no contra los que usan misiles.

Y uno se pregunta: ya que esos justicieros están tan locos de ganas de matar, ¿por qué no exigen la pena de muerte contra la injusticia social? ¿Es justo un mundo que cada minuto destina tres millones de dólares a los gastos militares, mientras cada minuto mueren quince niños por hambre o enfermedad curable? ¿Contra quién se arma, hasta los dientes, la llamada comunidad internacional? ¿Contra la pobreza o contra los pobres?

¿Por qué los fervorosos de la pena capital no exigen la pena de muerte contra los valores de la sociedad de consumo, que cotidianamente atentan contra la seguridad pública? ¿O acaso no invita al crimen el bombardeo de la publicidad que aturde a millones y millones de jóvenes desempleados, o mal pagados, repitiéndoles noche y día que ser es tener, tener un automóvil, tener zapatos de marca, tener, tener, y quien no tiene, no es?

¿Y por qué no se implanta la pena de muerte contra la muerte? El mundo está organizado al servicio de la muerte. ¿O no fabrica muerte la industria militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte de nuestras energías? Los amos del mundo sólo condenan la violencia cuando la ejercen otros. Y este monopolio de la violencia se traduce en un hecho inexplicable para los extraterrestres, y también insoportable para los terrestres que todavía queremos, contra toda evidencia, sobrevivir: los humanos somos los únicos animales especializados en el exterminio mutuo, y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción que está aniquilando, de paso, al planeta y a todos sus habitantes.

Esa tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo quien fabrica los enemigos que justifican el derroche militar y policial. Y en tren de implantar la pena de muerte, ¿qué tal si condenamos a muerte al miedo? ¿No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales? Los sembradores de pánicos nos condenan a la soledad, nos prohíben la solidaridad: sálvese quien pueda, aplastaos los unos a los otros, el prójimo es siempre un peligro que acecha, ojo, mucho cuidado, éste te robará, aquél te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente, es seguro que te contagia la peste porcina.

En el mundo al revés, dan miedo hasta los más elementales actos de justicia y sentido común. Cuando el presidente Evo Morales inició la refundación de Bolivia, para que este país de mayoría indígena dejara de tener vergüenza de mirarse al espejo, provocó pánico. Este desafío era catastrófico desde el punto de vista del orden racista tradicional, que decía ser el único orden posible: Evo era, traía el caos y la violencia, y por su culpa la unidad nacional iba a estallar, rota en pedazos. Y cuando el presidente ecuatoriano Correa anunció que se negaba a pagar las deudas no legítimas, la noticia produjo terror en el mundo financiero y el Ecuador fue amenazado con terribles castigos, por estar dando tan mal ejemplo. Si las dictaduras militares y los políticos ladrones han sido siempre mimados por la banca internacional, ¿no nos hemos acostumbrado ya a aceptar como fatalidad del destino que el pueblo pague el garrote que lo golpea y la codicia que lo saquea?

Pero, ¿será que han sido divorciados para siempre jamás el sentido común y la justicia?

¿No nacieron para caminar juntos, bien pegaditos, el sentido común y la justicia?

¿No es de sentido común, y también de justicia, ese lema de las feministas que dicen que si nosotros, los machos, quedáramos embarazados, el aborto sería libre? ¿Por qué no se legaliza el derecho al aborto? ¿Será porque entonces dejaría de ser el privilegio de las mujeres que pueden pagarlo y de los médicos que pueden cobrarlo?

Lo mismo ocurre con otro escandaloso caso de negación de la justicia y el sentido común: ¿por qué no se legaliza la droga? ¿Acaso no es, como el aborto, un tema de salud pública? Y el país que más drogadictos contiene, ¿qué autoridad moral tiene para condenar a quienes abastecen su demanda? ¿Y por qué los grandes medios de comunicación, tan consagrados a la guerra contra el flagelo de la droga, jamás dicen que proviene de Afganistán casi toda la heroína que se consume en el mundo? ¿Quién manda en Afganistán? ¿No es ese un país militarmente ocupado por el mesiánico país que se atribuye la misión de salvarnos a todos?

¿Por qué no se legalizan las drogas de una buena vez? ¿No será porque brindan el mejor pretexto para las invasiones militares, además de brindar las más jugosas ganancias a los grandes bancos que en las noches trabajan como lavanderías?

Ahora el mundo está triste porque se venden menos autos. Una de las consecuencias de la crisis mundial es la caída de la próspera industria del automóvil. Si tuviéramos algún resto de sentido común, y alguito de sentido de la justicia ¿no tendríamos que celebrar esa buena noticia? ¿O acaso la disminución de los automóviles no es una buena noticia, desde el punto de vista de la naturaleza, que estará un poquito menos envenenada, y de los peatones, que morirán un poquito menos?

Según Lewis Carroll, la Reina explicó a Alicia cómo funciona la justicia en el país de las maravillas:

–Ahí lo tienes –dijo la Reina–. Está encerrado en la cárcel, cumpliendo su condena; pero el juicio no empezará hasta el próximo miércoles. Y por supuesto, el crimen será cometido al final.

En El Salvador, el arzobispo Oscar Arnulfo Romero comprobó que la justicia, como la serpiente, sólo muerde a los descalzos. El murió a balazos, por denunciar que en su país los descalzos nacían de antemano condenados, por delito de nacimiento.

El resultado de las recientes elecciones en El Salvador, ¿no es de alguna manera un homenaje? ¿Un homenaje al arzobispo Romero y a los miles que como él murieron luchando por una justicia justa en el reino de la injusticia?

A veces terminan mal las historias de la Historia; pero ella, la Historia, no termina. Cuando dice adiós, dice hasta luego.

 “He cometido el peor de los pecados: quise ser feliz” (Teresa de Jesús)

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