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    El pasado curso, entre otras cosas, tuvimos la oportunidad de conocer a una persona que dejó una huella indeleble en muchos de nosotros y nosotras. Fernando López, jesuita palmero, que entregó su vida en la defensa de los más desfavorecidos en América Latina y, particularmente, en la Amazonía, nos conmovió a todos con el ejemplo de su entrega y compromiso. Tal fue la huella de su paso por la Red  Canaria de Escuelas Solidarias que lo nombramos, simbólicamente, “Coordinador para la Amazonía”. Como muchos saben, y para mí es importante dejarlo claro una vez más, soy una persona “no creyente tirando a ateo”. Sin embargo, no tengo empacho en reconocer, como le dije en una ocasión a Fernando, que con el Dios del que él habla voy a dónde haga falta. Siempre en la RCES hemos defendido valores universales al margen de postulados partidistas y religiosos. Nos hemos encontrado en los que nos une y hemos tratado de hacer EDUCACIÓN con mayúsculas.

                Tengo muy presente una conversación que tuve con él en el Encuentro Insular de La Palma del pasado curso. Le comentaba a Fernando mi propia desazón por el hecho de que, embarcados como estábamos en temas de cooperación educativa internacional, no me sintiera capaz ni física ni psicológicamente de seguir los pasos de muchos compañeros y compañeras de la Red en este sentido. Un grupo de profesoras de la RCES acababa de visitar escuelas de Nouadhibou, se había concluido un proyecto más de cooperación con los campamentos saharauis, se estaba empezando a esbozar un proyecto con la Universidad Indígena de Tauca en Venezuela. Me parecía impropio de mi puesto, le decía, no disponer de esa capacidad y en cierto sentido me avergonzaba. Sus palabras fueron lacónicas: “no importa, tu lucha la tienes en ‘esta’  selva”. Con Fernando pasa como cuando vas al psicólogo: sabes lo que te va a decir pero necesitas que alguien te lo diga. Lo bueno es que Fernando no te cobra.

                Todos nos emocionamos con Fernando. La gente pugnaba por llevar a sus alumnos y alumnas a algunas de sus charlas. Nos lo rifamos entre algunas islas. Y el pobre Fernando trataba de complacer a todo el mundo. Salíamos con el corazón henchido de solidaridad y ganas de cambiar el mundo. Estupendo.

                Sin embargo, he aquí que los avatares de la vida hacen que la Consejería de Educación –sabiendo  que a sus nuevos responsables estas cosas de la educación en valores le suenan a chino mandarín- ponga fin a nuestra cómoda existencia (perdonen la ironía). Dicho de otra forma: ahora viene lo bueno. En otras ocasiones hemos estados tentados de “irnos”: cuando se ponían limitaciones a nuestras acciones en materia de sensibilización ambiental o en cuanto se planteaba la necesidad de denunciar  la situación de los menores inmigrantes no acompañados en Canarias. Al final siempre se impuso la “realpolitik” –postura que yo siempre defendí, por otra parte.

                Una vez que la RCES se ha separado (o nos han separado) de la Consejería de Educación se plantea el qué hacer. La respuesta es “lo mismo que hasta el momento presente”. Lógicamente ya no dispondremos de los medios para llevar a cabo muchos de nuestros proyectos educativos. Es justamente en situaciones como éstas cuando podremos comprobar el verdadero valor de lo que hemos venido haciendo. Sin duda hemos crecido considerablemente en estos últimos años. A la RCES se llegaba por convencimiento. A nadie se le obligaba y ni siquiera se hacía proselitismo. Todavía recuerdo los “tiempos heroicos” en los que ni siquiera había una hora lectiva de compensación. Estos espacios se fueron ganando con el tiempo y jamás compensaron las innumerables horas que el profesorado empleaba en el trabajo directo con el alumnado a través de los Comités. Nunca he querido creer que un profesor o profesora trabajara en la RCES porque necesitara una o dos horas lectivas para completar el horario. Es más, me consta el trabajo de muchos compañeros/as sin asignación horaria por la falta de disponibilidad del centro.

                En fin, ahora que la gestión de la RCES vuelve a estar en manos del profesorado es el momento de apoyar a los compañeros y compañeras que han dado un paso al frente en cada una de las islas, de ser solidarios con nosotros mismos. Me viene a la cabeza una de las mejores teorías del liderazgo que conozco: se trata de la forma que tienen de entender el ejercicio del poder entre los Kun, una de las muchas etnias de ese enorme mosaico cultural que es Papúa-Nueva Guinea. Entre los Kun el jefe del poblado no tiene una autoridad mayor que la del resto de sus congéneres. Sólo dispone de la palabra para convencer y del ejemplo para incitar a los vecinos. Nadie le reconoce la capacidad de dar órdenes. Si ve que el poblado está sucio es el primero en coger una escoba y ponerse a barrer. Entonces los demás se ponen a barrer con él.

                Este es el momento de hacer algo parecido. Hay que evitar esa peligrosa tendencia a pensar que ya habrá alguien que solucione el problema por mí, que se encargará del trabajo sucio. No podemos dejar a los compañeros y compañeras que han formado las comisiones gestoras solos al frente de la batalla. Y no es que esto haya sucedido; es que a estas alturas de la vida y sabiendo cómo es el mundo acomodado en el que vivimos uno ya prevé una serie de cosas. Suele haber un enorme miedo a significarse, a llamar la atención, a las situaciones desconocidas. ¿Miedo a qué? ¿al gulag? De repente la gente descubre que tiene miles de ocupaciones, niños, cursos, actividades extraescolares, suegras enfermas, en fin… ¿la actual situación exige una dedicación extraordinaria? No. Se trata de seguir haciendo lo que veníamos haciendo. Algunos compañeros tendrán que asumir alguna tarea extra pero poco más.

                Ya sé que los que mandan nos quieren entregados a la felicidad del consumo desaforado, que el mandato universal es no meterse en problemas y que la cotidianidad de todos parece una carrera de maratón. Pero, si se quiere, siempre hay un pequeño huequito para seguir luchando por esta selva.

 

DAMIÁN MARRERO REAL

Profesor de la Red Canaria de Escuelas Solidarias

(*) Dedicado a Fernando López, a miles de kilómetros de distancia y tan cerca en el corazón.

“Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”.

(Martín Luther King)

Durante muchos años he defendido, junto a otros muchos, que la transmisión de valores debe ser un elemento clave del sistema educativo. De poco le sirve a los niños, a las niñas, a los jóvenes saber muchas cosas. Formar ciudadanos y ciudadanas requiere del conocimiento y la vivencia de la igualdad, de la solidaridad, de la justicia, de la no discriminación. Se trata de capacitarlos para que ejerzan su ciudadanía en nuestra sociedad democrática, para que participen responsablemente en los asuntos comunitarios, para que construyan una sociedad mejor que la que nosotros le legamos.

Saber matemáticas es fundamental, pero más importante aún es “ser una buena persona”. Por ello la educación para la paz, para la salud, para la educación afectivo- sexual, para la defensa del medio ambiente, para la igualdad de oportunidades entre ambos sexos, para la interculturalidad… son hoy tremendamente pertinentes en nuestro sistema educativo. No hay mejor manera de prevenir problemas sociales tan sangrantes, y tan desgraciadamente actuales, como la violencia de género, el maltrato, la destrucción del planeta, el uso de drogas, la violencia, el racismo o la xenofobia.

La escuela canaria se ha caracterizado por contar con una serie de recursos de apoyo a la introducción de estas temáticas en las aulas: los programas educativos. Desde hace ya casi quince años, a instancias del propio profesorado, se han destinado recursos (económicos y personales), la mayor parte de las veces muy escasos, con el fin de impulsar estas temáticas y asesorar a las comunidades educativas.

Pues bien, en este inicio del curso 2008/2009 nos encontramos con un ataque frontal a esta necesidad educativa. Desmantelan la Unidad de Programas de Innovación Educativa, desaparecen varios programas, entre ellos el de Contenidos Canarios y el de Igualdad de Oportunidades para Ambos Sexos. Programas que no son patrimonio de la responsable política de la Dirección General de Ordenación e Innovación Educativa. Ni siquiera de la persona que puntualmente, y de forma temporal, gestiona la Consejería de Educación. Son patrimonio de la Escuela Canaria, con mayúsculas, de un montón de profesionales que, aportando parte de su tiempo personal, han construido la historia de esos programas, llevándolos a sus aulas, innovando. No tienen derecho.

Y no me vale de excusa el argumento de que ahora contamos con Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos. Bienvenida sea esta materia, ya era hora. Toda persona que sepa algo de educación conoce perfectamente que su ínfima carga horaria es muy poco significativa, que muy poco se puede hacer con la misma. Aún así, la aprovecharemos. En 2º de ESO tendrá una hora semanal, una hora de las 30 que cursa el alumnado. Por cierto, fue esta misma Consejería quien optó por dotar del mínimo posible de horas a la materia.

“Los tiempos han cambiado” nos dicen. ¿Qué tiempos? ¿Ahora queremos convertir al sistema educativo en una empresa? ¿Sólo nos interesan los resultados cuantitativos, los números? Algunos, espero que muchos y muchas, pensamos bien diferente.

Y en ese desmantelamiento de la Unidad, nos encontramos con un drástico recorte de los escasos recursos con los que ha venido contado la Red Canaria de Escuelas Solidarias (RCES). A pocos días de sacar una Resolución en la que se detallan 134 centros vinculados a la Red se suprime la coordinación de la provincia de Las Palmas, coordinación que había sigo elegida de forma democrática por el propio profesorado. Se minimiza nuestro plan de trabajo, se nos dice que es mejor no realizar actividades conjuntas… En definitiva: un disparate. A no ser que lo que se quiera es impedir de hecho que siga funcionando. Pero ya lo dijimos, tampoco tienen derecho.

Podrán conseguir que la Red siga creciendo, que se sumen nuevos centros educativos, nuevo profesorado, que se avance en los proyectos de cooperación educativa con el pueblo saharaui, con Mauritania, con la Universidad Indígena de Venezuela… Siento decirles que intentaremos que esta experiencia no desaparezca.

Seguiremos educando en valores, reuniéndonos para compartir experiencias, para enriquecernos los unos a los otros… porque estamos convencidos y convencidas que la educación para la paz, la solidaridad y los derechos humanos sigue siendo una necesidad.

No va a ser fácil. Todos y todas tendremos que “arrimar el hombro”. Cuenten conmigo. Allí nos vemos.

Miguel A. Rguez. Reyes

Queridos amigos y amigas:

 Cumplido ya mi trabajo como coordinador de la Red Canaria de Escuelas Solidarias, responsabilidad que un día pusieron en mis manos y por la que siempre les estaré agradecido, permítanme en estas horas de profunda emoción para mí compartir con ustedes una última  reflexión y un postrero llamamiento.

 En 1996 acudí a una reunión en la antigua Unidad de Programas de la Laguna, convocada por el primer coordinador del Programa Educar para la Paz, la Solidaridad y los DD.HH, Toño Hernández. En ella se nos presentaba un proyecto que había surgido un año antes en Gran Canaria, la Plataforma de EE.MM pro DD.HH, y que empezaba a extenderse por las islas. Desde un primer momento descubrí un proyecto que cuadraba completamente con lo que yo ya venía haciendo en el centro y me sirvió para dos cosas fundamentales: descubrir a un grupo de profesores y profesoras con una apuesta clara por un modelo de educación democrática, participativa y solidaria y darme cuenta de que había más mundo más allá de mi propia aula. Ese espíritu primigenio se mantuvo siempre de una manera u otra a lo largo de estos años.

 En mis primeros años como miembro de la RCES en mi centro, el IES Tacoronte, tuve la oportunidad de trabajar con un grupo de alumnos y alumnas que dejaron en mí una huella indeleble. Recuerdo con mucha emoción las actividades de celebración del 50º aniversario de la Declaración de los DD.HH, una jornada de formación en la que hicimos noche en el centro o un trabajo que llevamos a cabo sobre las discriminaciones en general que mereció un premio del Parlamento Europeo y nos proporcionó la oportunidad de visitar Estrasburgo y París. Estas experiencias, de una forma u otra, las seguimos desarrollando en otros centros en los que tuve la oportunidad de acudir. Como vicedirector en el IES San Juan de la Rambla   llevamos a cabo una experiencia de organización del alumnado en torno a una asociación que multiplicara los efectos del Comité. Recuerdo con mucho cariño el hecho de que una alumna mía del Comité de Tacoronte fuera seleccionada en su día para representar al alumnado de la RCES en una visita de muchas organizaciones a los campamentos saharauis. Esta alumna hizo luego psicología, trabajó en la UTE Valle Tabares y acudió a algunas reuniones de la RCES como educadora durante el pasado curso. Son, precisamente, esos alumnos y alumnas, muchos de ellos profesionales hoy en día, algunos docentes, e incluso coordinadores de la RCES en la actualidad, los que dan sentido a nuestro trabajo.

 Me he permitido contarles algunas de mis experiencias personales pero éstas no son nada si sumamos todas las experiencias llevadas a cabo por infinidad de compañeros en cada una de las islas. Nuestro modelo de trabajo no ha sido clausurado por la Consejería de Educación porque haya venido a menos o porque  no se justifique su inversión (bastante austera por otra parte). Vivíamos un momento hasta julio pasado que podemos calificar de los más fructíferos de la historia de la RCES. Y aunque está mal que lo diga quien esto suscribe son datos que hemos tratado de dejar claro a lo largo de estos años. El trabajo llevado a cabo por los compañeros y compañeras ha tenido el reconocimiento explícito de muchas entidades, organizaciones y administraciones. Estábamos invitados a difundir nuestra experiencia en Cataluña, íbamos a tejer una red estatal con Entreculturas, estábamos trabajando en proyectos de cooperación educativa con el Sáhara, Mauritania y la Universidad Indígena de Venezuela. Nuestra RCES agrupaba a unos 400 profesores, entre coordinadores y colaboradores, en Canarias. En fin, pintar ahora un mínimo retrato de esta experiencia sería demasiado prolijo.

   Un trabajo llevado a cabo con mucho esfuerzo, limitaciones y carencias pero también con mucho cariño. Porque nace de la vocación docente y de la apuesta por un modelo de educación integral. Hemos tejido mucho estos años para que quienes deciden sin información ni sensibilidad deshagan sin miramientos. Ahora sabremos si todo lo que construimos tiene cimientos sólidos.

       Quiero decirles que en estos momentos sobra el miedo, sobra la resignación, sobra el fatalismo. No son estos los ‘valores’ que nos gustaría transmitir al alumnado ¿verdad? Debemos estar preparados para las desafecciones, para la desesperanza, para el adelgazamiento (que nunca viene mal). Acopiemos grandes dosis de resiliencia y de solidaridad. Demostremos que aquello que nos mueve no va al pairo de los avatares políticos, de los intereses de turno y las componendas. Tengamos claro que los valores que promovemos son universales y consustanciales a la escuela misma: la Solidaridad, la Democracia, la Participación, la Justicia, la Empatía, la Paz, los Derechos Humanos… que a todo esto le hemos dado una dimensión de red que es más perentoria que nunca, que construimos un proyecto para toda la escuela canaria, que sumamos centros, profesorado y alumnado… Tengamos claro que volverán mejores tiempos y que también para eso habrá que estar preparados.

 Queridos amigos y amigas:

 Frente a los que no ven, frente a los que no escuchan, frente a los lobos que sólo responden a las consignas del partido, frente a los cínicos, a los de corazón encallecido, frente a la mediocridad, frente a los que hablan de lo que no creen, frente a los que creen en cosas de las que no hablan, frente a los que piensan que las personas son números, frente a los expertos en cifras que toman decisiones educativas, frente a todos ellos…

LLAMO a los que siguen creyendo que la educación es posible, llamo a los viejos para que vuelvan, a los jóvenes para que emprendan el camino, a los fuertes, a los que siguen pensando que la nuestra es la mejor profesión del mundo, a los que saben de la responsabilidad que está en nuestras manos, a los que aún se emocionan, a los que todavía sonríen, a los que no han perdido la esperanza ni la perderán nunca, a los incombustibles, LLAMO a los maestros y las maestras, a los que sostienen la mirada de un alumno…

 A todos ellos los LLAMO para que hagan de la Red Canaria de Escuelas Solidarias la última bandera de la dignidad docente.  

DAMIÁN MARRERO REAL

 

PROFESOR DE LA RED CANARIA DE ESCUELAS SOLIDARIAS

 

 

Estimados/as compañeros/as:

Con mucha emoción, les comunico que acabo de presentar mi dimisión irrevocable como coordinador de la Red Canaria de Escuelas Solidarias. La situación que a la vuelta del verano nos ha planteado la Dirección General de Ordenación e Innovación Educativa me resulta completamente inasumible. La misma se concreta en la supresión de la coordinación  de la RCES en Gran Canaria, la reducción en un altísimo porcentaje de los presupuestos con los que veníamos contando hasta ahora y las instrucciones para limitar o suprimir las actividades fuera del centro con profesorado y alumnado. Por otra parte, hay que situar estas medidas en el  contexto del desmantelamiento de la Unidad de Programas (supresión de varios programas educativos  y la eliminación de 12 de las 15 plazas existentes hasta julio pasado) y del sistema de apoyo a los centros educativos. He tratado de esperar hasta el último momento para  tomar esta decisión porque era consciente de cualquier movimiento mío en este sentido habría significado la supresión automática del Programa.

Después de muchos años como miembro de la RCES, conociendo perfectamente los avatares por los que hemos pasado, mi mayor preocupación siempre ha sido como coordinador asegurar la continuidad y fortalecimiento de nuestro proyecto educativo. Entre todos y todas conseguimos llevar la RCES hasta unas cotas de trabajo de las que podemos sentirnos verdaderamente satisfechos y que ha tenido el reconocimiento de muchas entidades externas.

Para mí ha sido un verdadero orgullo el haber podido compartir con ustedes esta experiencia extraordinaria. Tengo presentes a  tantos compañeros y compañeras que no me atrevo a nombrarlos. Tanta gente buena y entregada. Vuelvo al aula enormemente enriquecido, tanto humana como profesionalmente. Cuando he tenido que coordinar una reunión o una actividad de la RCES en Tenerife  me he sentido tremendamente afortunado por haber tenido la oportunidad de conocer a tal cantidad de personas valiosas que están aportando tanto a la educación canaria. Ha sido para mí una gran responsabilidad y un orgullo. Mi gratitud infinita.

Mi más emocionado recuerdo a aquel núcleo inicial de profesores y profesoras que en aquellos años de juventud y utopía levantaron en Tenerife la “Plataforma de EE.MM pro Derechos Humanos”, germen de la actual RCES, y que creyeron en una escuela democrática, participativa y solidaria. Su espíritu permanecerá en los miles de alumnos y alumnas que formaron parte de esa experiencia.

A mis antecesores en la coordinación de Tenerife, Toño, Nano y Arturo, mi homenaje y mis disculpas por no haber sabido mantener lo que ellos contribuyeron a mantener en pie.

Ahora vienen nuevos tiempos para la RCES. En nosotros y nosotras está decidir el camino que habrá que emprender, como hemos hecho en el pasado y como seguiremos haciendo en el futuro. Siento muchísimo haber sido yo quien tenga que poner punto y seguido a este capítulo de la RCES. Les pido disculpas por ello.

Quiero aprovechar estas notas de despedida para mandar un emocionado abrazo a Miguel Rodríguez, coordinador de la RCES en Gran Canaria hasta el pasado curso, con el que viví codo a codo  una de las más fructíferas etapas de mi vida profesional. A Cristi,  quien en las pocas semanas en las que pudo  trabajar demostró una entrega y una dedicación digna de encomio. A Helio, auténtico baluarte de la RCES, brazo firme y confiable. A todos los compañeros de Gran Canaria que siempre me recibieron con los brazos abiertos. A nuestros amigos de La Palma que han dado pasos de gigante estos años: a Néstor, Eduardo, Saúl, Bea, Carmen, Lourdes, Juana, Mª Nieves… A un tesoro llegado del cielo como Mónica del CEP de los Llanos. A quienes les tocó llevar la vela de la RCES en las islas: a Roberto en El Hierro, a Rubén, Elisa y Esther en La Gomera, a nuestros compañeros de Lanzarote y Fuerteventura.

Mi más rendido agradecimiento a  todas las asesoras de los CEP que han estado con nosotros. A María, del CEP de Icod, que nos adoptó  y nos hizo mejores de lo que ya éramos, a Estefanía, Pilar y Paz que siempre estuvieron pendientes de los que hiciera falta. A nuestro compañeros de los CEP de El Hierro y La Gomera por su dedicación. A los numerosos educadores de los centros de menores inmigrantes no acompañados, de los centros de menores con medidas judiciales por su labor callada y meritoria… a los voluntarios y miembros de ONG con los que tanto camino recorrimos juntos. A Aída y los compañeros de la Oficina del Voluntariado de Tenerife, gente entusiasta y entregada. A Inma, Mercedes, Rosi de La Guardia y Juana Mª de la Universidad de La laguna, personas extraordinarias con quienes tantas complicidades quedarán inconclusas.

A tantos compañeros y compañeras que apostaron por proyectos de cooperación educativa, llevados a cabo con muchísimo voluntarismo y poquísimos medios y que nos enseñaron un camino cargado de futuro. Qué podremos decirles a quienes en las escuelas de otros países esperan tanto de nosotros.

Un abrazo muy grande a todos los que participaron en un proyecto como el Foro de la Infancia que, una vez fenecido, quizás se recuerde  como una de las experiencias de carácter interadministrativo de mayor alcance en el campo de la participación  y los derechos de la infancia que se haya hecho nunca en Canarias. Un abrazo muy grande a Ana Demetrio, de la Dir. Gral. del Menor, de quien puedo decir que he aprendido mucho estos años y cuya enorme profesionalidad nos ha orientado a todos, a Isabel del Diputado del Común y a Rosario de Unicef con las que tejimos lazos que al final fueron desechos. A los técnicos de los Cabildos con los que colaboramos estos años y a quienes ahora dejamos en la estacada. Al profesorado fiel que apostó por esta experiencia con entusiasmo ¡cuánto me enriquecí con ellos!

Me siento, en estos momentos, humilde depositario de los mejores valores que representó la Unidad de Programas a lo largo de su historia. Por respeto a la memoria de los coordinadores y coordinadoras que dieron lo mejor de sí mismos por un proyecto emblemático de apoyo a la escuela canaria no puedo dar cobertura al desmantelamiento de este servicio.

A Fernando López que me devolvió la esperanza en el  ser humano.

A Pepa, Consejera del Cabildo de Tenerife, que siempre se portó como una auténtica madrina de la Red.

A Carmen Vera, mi jefa, y ángel de la guarda.

A mis compañeros de la Unidad de Programas, a los presentes y a los pasados, que tuvieron la difícil papeleta de aguantarme, que lucharon siempre y tan escasos de reconocimiento estuvieron.

A todos y todas, ¡mil gracias y un abrazo solidario en la confianza de que mañana brillará el sol de nuevo!

 

Damián Marrero Real.

Sin duda alguna, una de las experiencias -sino es la EXPERIENCIA con mayúsculas- que ha marcado mis diecisiete años de docencia ha sido ver nacer, crecer y multiplicarse lo que hoy es la Red Canaria de Escuelas Solidarias (RCES). Recuerdo perfectamente los inicios, hace ya quince años, cuando un grupo de profesores/as y alumnos/as nos lanzamos a la aventura de crear y animar un espacio de compromiso y educación en valores en y para la Escuela Canaria.

 

En estos quince años, nos ha sucedido de todo. Desde los comienzos sin recursos humanos y materiales para desarrollar todo lo que queríamos, a disponer del respaldo de la Consejería  y convertirnos en unos de los Programas de Innovación Educativa. Desde las reuniones de cinco profes ilusionados por iniciar esta aventura, a poco a poco hacernos un hueco, no sólo en la Escuela Canaria sino –me atrevería a decir- en el panorama nacional de la educación en valores y para la cooperación al desarrollo; prueba de esto último que digo, son los constantes requerimientos que en los últimos años hemos recibido de muchas partes de la geografía española para que les presentemos nuestra experiencia, de la constante demanda de colaboración que hemos recibido de las ONGs que se mueven en el mundo educativo, de los proyectos de cooperación educativa al desarrollo que tenemos en marcha, del reconocimiento de cabildos, ayuntamientos y otras entidades; a las que ahora no sólo acudimos sin agachar la cabeza, sino que muchas veces son ellas las que se acercan a la Red para colaborar y coordinar acciones con nosotros.

 

Pero ahora pintan bastos, se hace nuevamente real que nadie es profeta en su tierra. Cuando el prestigio, el buen hacer, la seriedad del proyecto, y los frutos del mismo son cada vez más evidentes para todo el mundo; nuestra Consejería de Educación sigue ciega, enrocada en sus propias miserias, a descubierto que le es más rentable desmantelar la Unidad de Programas de Innovación Educativa y desviar los recursos humanos y económicos que empleaba, en este y otros programas, para financiar esas tan cacareadas medidas de calidad educativa como son: abrir los centros una hora antes por las mañanas y financiar clases de refuerzo por las tardes.

 

Tuve la suerte de ser presidente del AMPA del colegio de mis hijos durante unos años, esas maravillosas medidas de calidad educativa, hace muchísimos años las llevan poniendo en práctica multitud de AMPAs; cuestan cuatro duros, y desde luego nunca obligamos a los docentes a hacerse cargo de aquello, contratábamos a monitores, cuidadores o los solicitábamos a otras instituciones que disponían de ellos.

 

 Estoy seguro que el profesorado de la Red Canaria de Escuelas Solidarias, le vamos a demostrar a esta administración educativa lo equivocada que está. Vamos a seguir trabajando en lo que creemos, por muchos teniques que nos pongan en el camino. No vamos a dejar que este proyecto muera, porque no es de esta consejería; es de nuestra Escuela. Y aunque algunos antepongan supuestas glorias políticas a su historia y su futuro, nosotros, esos que la consejera a tachado de irresponsables, de señoritos y señoritas, y todas las lindezas que se le han ocurrido en el tiempo que lleva en el cargo; sólo tenemos una lealtad: la del compromiso con una escuela viva, democrática, integradora, capaz de formar a las próximas generaciones para una sociedad más justa, más libre, más solidaria… En ese camino nos encontraremos, aunque a veces pinten bastos.   

 

Helio Ayala 

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